La palabra “estilo” tiene varias acepciones. Dos de ellas son fundamentales para el Diseño Interior. Y digo dos aunque no siempre queda clara la diferencia o el límite entre estas dos definiciones, y parecen usarse indistintamente. Por eso, se me ocurrió empezar por ver qué dice el diccionario para luego poder pensar un poco de qué hablamos REALMENTE cuando hablamos de ESTILO en Diseño Interior. Transcribo acá las tres definiciones de esta palabra que tomé de la Real Academia Española y que me parecen las más relevantes para aplicar al diseño:


1. Conjunto de características que identifican la tendencia artística de una época, o de un género o de un autor.

2. Carácter propio que da a sus obras un artista plástico o un músico.

3. Gusto, elegancia o distinción de una persona o cosa.


Lo primero que tengo para destacar, es que el estilo está definido principalmente en torno a disciplinas artísticas, lo cual no me sorprende para nada, pero sí lo quiero resaltar. Siempre digo que la arquitectura y el diseño interior son una forma de arte. Son una manera de expresar algo, de manera sensible, a través de un proceso creativo. Allí donde no había nada, aparece una expresión que comunica, que dice, que emociona, en parte de forma intencional y deliberada, y en parte de forma inconsciente e inesperada, tal como ocurre en cualquier composición artística ya sea plástica, literaria, musical, fotográfica o cualquier otra. El diseño interior habla del interior de las personas, de quienes somos, de las cosas en la que creemos, de las cosas que nos conmueven, de cómo vemos el mundo, así de importante es. Por eso, en cualquiera de estas definiciones de estilo, podríamos reemplazar la palabra “música”, “plástica” o “tendencia artística” por la palabra DISEÑO.

Ahora bien, volvamos al estilo.

Tenemos entonces dos grandes maneras de entenderlo:

Una, está relacionada con un conjunto de CARACTERÍSTICAS, tendencias, ideas y expresiones que son propias de una ÉPOCA, de cierta REGIÓN y/o de cierta CULTURA y que, a los fines de clasificar, englobamos en categorías que cumplen con determinados parámetros. Es ciertamente una convención que hacemos, y sería lo que normalmente llamamos “ESTILOS DECORATIVOS” o “estilos arquitectónicos”. En base a esta convención, hablamos del estilo clásico, moderno, nórdico, contemporáneo, minimalista, barroco, inglés, francés y una larga lista de etcéteras. Esta acepción tiene que ver con las generalidades, con lo tipificable, con los rasgos comunes, con la agrupación. Y no está mal, por supuesto, pero es eso: lo que se repite, lo que generaliza.

La otra manera de entender el estilo, es cuando hablamos de la particularidad, de lo propio, de lo SUBJETIVO, de lo personal, de lo singular. Este segundo “estilo” ya no se refiere a las características colectivas y repetitivas sino, como vemos en la definición número 3 de más arriba, a aquello que define a la PERSONA. Se trata de ese SELLO PERSONAL que nos hace únicos e irrepetibles. Se trata de ese conjunto de características que conviven todas juntas sólo en esa persona, de manera tal que la hacen especial y única, la distinguen.

Parecería contradictorio ¿no? Y en parte lo es… Pero hay algo que las dos definiciones tienen en común y es que, en ambos casos, hay rasgos o características que permiten definir un CONCEPTO, un sello, una “personalidad”, una identidad. En un caso será el sello de la época, el lugar o la cultura, y por eso es general, y en el otro, de una persona o de una cosa, lo cual lo hace único e irrepetible.


En este punto, las preguntas que me hago como diseñadora son: ¿a qué apuntar entonces? ¿sirven los estilos decorativos? ¿Para qué sirven? ¿Cómo usarlos? Cómo entenderlos? ¿Cómo construir un estilo propio? ¿Desde dónde? ¿Qué queremos para nuestras casas? ¿Un estilo de manual o un estilo personal?


Casi que en el enunciado de las preguntas está la respuesta misma. Por supuesto, mi convicción como arquitecta interiorista es aspirar al ESTILO PROPIO, personal, al que tiene sentido y surge desde las mismas personas. Y para definir ese estilo personal, no alcanza solamente con definir o enunciar un estilo decorativo. Recalco el “solamente” porque, por supuesto, conocer y entender estos estilos nos va a permitir empezar a delinear nuestro estilo personal. Pero creo que es un error quedarnos sólo con eso.


Muchas veces llegan los clientes y me dicen “a mí me gustaría un estilo nórdico” ó “yo quiero algo bien clásico” ó “a mí me encanta el estilo industrial que se usa ahora” (voy a dejar para otro artículo el tema de las tendencias y la moda, ¡no me quiero dispersar con eso ahora!). Y tal vez esas frases sean un muy buen punto de partida, pero de ninguna manera son suficientes para definir un CONCEPTO ESTILÍSTICO PROPIO para esas personas en particular, para esa casa en particular, para su estilo de vida o para esa ciudad en la que viven. Para poder construir eso es necesario hurgar en otros lugares, indagar en las personas, buscar otras fuentes de inspiración, conectarse con las emociones, con los deseos, con nuestra historia y con todo aquello que nos haga encontrar el SENTIDO propio para nuestros interiores.


Sin embargo, no podemos desconocer lo que se hizo en otras épocas, en otros lugares y en otras culturas. Y en especial preguntarnos por qué. Es nuestro deber APRENDER de eso. Porque todos esos estilos que hoy reconocemos y tipificamos, nacieron porque tenían un sentido para esa época, para ese lugar o para esa cultura. Siempre pienso que la cultura es acumulativa. Y que el mundo se fue haciendo cada vez más pequeño de algún modo, porque tenemos a nuestro alcance cosas que antes hubieran sido literalmente de otro planeta. Hoy estamos a un click de distancia de casi todo y eso nos da un bagage de recursos que nos enriquece muchísimo, pero que también puede ser difícil de administrar. Por eso me parece súper importante, entender y conocer los diferentes estilos decorativos pero no quedarnos en una actitud pasiva o receptiva frente a ellos. Me parece clave saber por qué surgieron, en qué contexto, para solucionar qué problemas, para expresar qué ideas, porque existían qué técnicas, para combatir qué clima o para representar qué paisajes y qué sociedades. Porque desde ese conocimiento vamos a poder definir mejor un estilo propio y singular que tenga sentido y nos defina como personas.


A los fines de este artículo, voy a hacer un breve listado de algunos estilos decorativos agrupados en cuatro categorías. Como toda clasificación, no es taxativa y es susceptible de interpretaciones diferentes. También cabe decir que cada vez es más difícil establecer límites claros entre los distintos estilos porque, como dije antes, la cultura es acumulativa y dinámica, y vamos haciendo mestizajes (¡hermosos y enriquecedores, por cierto!) que van desdibujando la línea entre un estilo y otro. La idea es ir desarrollándolos en profundidad en sucesivos artículos. Por hoy sólo los dejaré enunciados de esta forma:


Estilos más clásicos y formales: Clásico, Francés, Inglés, Barroco, Mediterráneo

Estilos más casuales e informales: Nórdico, Shabby Chic, Boho, Wabi Sabi, Californiano, Neorústico

Estilos más actuales: Minimalista, Contemporáneo, Moderno Urbano

Estilos de inspiración retro: Mid-Century Modern, Industrial, Zen, Art Deco, Vintage, Pop


Y para terminar, hay dos ejercicios que te propongo hacer para que empieces a construir TU PROPIO ESTILO a partir de los estilos decorativos. Uno es empezar a ADJETIVARLOS. Es decir, a no quedarte sólo con las reglas del estilo. Pongamos, por ejemplo, que te encanta el estilo nórdico. Te invito entonces a que te preguntes qué adjetivo le podrías poner para personalizarlo un poco. Alguien podrá decir que quiere un nórdico fresco, otra podrá preferir un nórdico sofisticado, otra un nórdico acogedor. Fíjate cómo en estos tres ejemplos, agregando sólo un adjetivo, estamos definiendo conceptos diferentes y estamos recortando un poco la generalidad del nórdico para acercarla a nuestra subjetividad. Y por supuesto, esos adjetivos van a surgir necesariamente de VOS, de TU interior, de tu IDENTIDAD.

Y el segundo ejercicio que te propongo es el de DECONSTRUIR los estilos decorativos. No quedarte con que “me encanta el nórdico” (siguiendo el ejemplo de antes) y empezar a preguntarte: qué te gusta del nórdico, cuáles son las características de ese estilo que te representan, cómo es, qué materiales utiliza, qué colores, qué formas, qué texturas, qué motivos, por qué te atrae, por qué tenés empatía con ese estilo en particular y no con cualquier otro. Hacerte estas preguntas te va a ayudar a desmenuzar un poco las cosas e ir llegando cada vez más adentro tuyo para que puedas acercarte a la definición de TU ESTILO PROPIO, que podrá estar inspirado en algún estilo decorativo pero que no se va a quedar en la generalidad de poder ser para cualquiera, sino que va a adquirir la singularidad de lo irrepetible.


Para mi, los mejores interiores son aquellos que son difíciles de tipificar en un estilo general pero que, sin embargo, no dejan dudas de que tienen un CONCEPTO ESTILÍSTICO CLARO. ¿Cuál es la clave para eso? Que las decisiones tengan, primero un SENTIDO y, segundo, una UNIDAD, una síntesis entre ellas. Que todo parezca estar donde está por algo, aunque sea un color disonante, o pertenezca a otra época, o a otro lenguaje, o tenga una proporción exagerada, pero que por algún motivo, por alguna regla que tal vez ni podamos poner en palabras, tenga sentido en el conjunto. Eso es ESTILO. Y justamente por eso es difícil de explicar.


¡Hasta la próxima!

Una de las dificultades más recurrentes que escucho por parte de mis clientas en las consultas y asesorías, es la “falta de tiempo para ocuparme de la decoración de mi casa”. ¡Y es taaaan comprensible! La falta de tiempo la sufrimos todos. ¿Acaso conocés a alguien a quien le sobre? El tiempo se volvió un bien muy preciado que no abunda en estos días. El trabajo, los chicos, la casa, el gimnasio, la familia, los médicos, las compras, la comida, los amigos… Todo es una sucesión vertiginosa de cosas que de por sí no caben en el día, ni en la semana, ni a veces en el mes. Mucho menos nos dejan lugar para ocuparnos de nuestros proyectos especiales, que van quedando ahí, en el cajón de los deseos, abajo de toooooda la lista de “prioridades”. Ese es el cajón en el que suele quedar el diseño interior de la casa.


Sin embargo, no nos damos cuenta de cuanto nos ayudaría en todo el resto de las cosas el hecho de tener una casa cómoda, bella, organizada, pensada, acogedora… El diseño interior no se trata solamente de espacios lindos, se trata de mejorar nuestra calidad de vida. El entorno hace a nuestro modo de vida. Cuanto más en sintonía con nuestra vida y nuestra personalidad esté ese entorno, más fácil y placentero va a resultar nuestro día a día.


Por eso, y porque estoy obsesionada con que todos vivamos en espacios diseñados, y también porque creo que a los deseos hay que hacerles lugar, pensé este artículo con algunas ideas que pueden ayudarte a “hacerte el lugar” para ocuparte del diseño interior de tu casa.

1. Plantar bandera

El primer paso es dejar de escudarse en el “no tengo tiempo” y pasar al “de alguna manera me voy a hacer el tiempo”. A las cosas hay que darles, antes que nada, espacio mental, un lugar real en nuestra lista de deseos, hacernos cargo de que eso nos importa y que, de alguna manera, lo vamos a lograr. No importa cuánto tardes en conseguirlo, lo que importa es que empieces. Y el primer paso para empezar es sacar el proyecto de la baulera y pasarlo a tu agenda mental. Es un acto, un instante. Así como un día decimos “hoy empiezo yoga” ú “hoy me anoto en el taller de pintura”, bueno, de la misma forma decite a vos misma “hoy empiezo a diseñar mi casa”. La clave está en que no te hagas trampa a vos misma y realmente te comprometas con esa decisión, con esa “plantada de bandera”. ¡En los tips siguientes vamos a ver algunos recursos para lograrlo!

2. Darle forma material

Una manera de hacer visible esa “plantada de bandera” es materializarla en algo tangible. Es decir, no te quedes con la idea en la cabeza solamente. Tratá de buscar algo material, concreto y real que de cuenta de que esto existe, que te estás ocupando y que, por lo tanto, ocupa un lugar físico y real. Podría ser comprar un cuaderno y ponerle una etiqueta que diga “El Diseño Interior de mi casa”. Entonces en ese cuaderno irás anotando datos, ideas, pegando imágenes, y será como el registro de tooooodo lo que vas haciendo para concretar ese proyecto. Puede ser también una caja, en donde podés ir guardando revistas, recortes, muestras, y otros objetos que tengan que ver con el proyecto. Esto, además de ordenarte, va a ser un símbolo de que estás en acción y eso mismo te va a ayudar a no olvidarte, a no bajar los brazos, a tomar impulso para dar el siguiente paso.

3. Hacer un plan

Muy pocas cosas en la vida se logran sin tener un buen plan. Planificar nos ayuda muchísimo lograr las cosas pero, fundamentalmente, nos ayuda a que salgan como queremos y no como el azar disponga. Obvio que soy una embanderada también de la intuición y de permitir que el azar y las casulidades aparezcan, pero definitivamente no podemos confiar sólo en eso. Cuando aparacen, hay que hacer algo con eso para llevarlo al siguiente nivel. Entonces, sentate un día y anotá una por una las cosas que tendrías que hacer para decorar tu casa. Puede ser desde pedir asesoramiento hasta la lista de cosas que tendrías que comprar. En este punto, sabrás vos si vas a hacerlo de la mano de un profesional o lo vas a hacer por tu cuenta. En el primer caso, una tarea puede ser: llamar a la diseñadora y, en el otro, pensar la distribución, buscar inspiración, tomar las medidas, etc.

Con esa lista hecha, paso siguiente, la podés ordenar según las prioridades y entonces empezar por hacer una cosa, la primera de la lista, aunque sea un simple llamado telefónico, o armar una carpeta en la compu para guardar las fotos de inspiración. Todo, cuando lo desmenuzamos en pequeñas acciones, parece más posible que si lo dejamos apilado en una montaña inescalable. Es ideal que te pongas objetivos intermedios y que vayas tachando las cosas de la lista que ya hiciste. Eso te va alentar porque vas a ir viendo los avances, vas a sentir que ya no estás en cero, y esa sensación te va a ayudar a seguir avanzando.

4. Agendar

Un recurso para no perderte en el día a día con otras obligaciones que te desenfocan y te hacen correr detrás de la urgencia es reservar en tu agenda una o dos horas a la semana como mínimo, o con la frecuencia que te resulte posible, para hacer alguna de las cosas que anotaste en la lista del plan. Entonces durante esas dos horas vas a hacer llamados, mandar mails, buscar un mueble específico, pensar los colores, pedir presupuestos, en fin… lo que hayas anotado y sea el siguiente paso en TU lista. Y resalto el TU porque ninguna lista va a ser igual a la otra. ¡Pero OJO! No te hagas trampa. No te canceles la reunión con vos misma.

Buscate un horario que te resulte cómodo a vos, pero también pensá en que sea un horario comercial para poder consultar lo que necesites a los distintos proveedores y profesionales. Podés ir variando. Si te resulta cómoda la noche antes de acostarte, reservá ese tiempo para cosas que no requieran de atención comercial. Pero asegurate de reservarte algún horario hábil para las cosas que tengas que consultar o ir a ver. Si trabajás en horario de oficina podés reservarte el horario de almuerzo o los sábados a la mañana. Si dependés de los horarios de tus hijos, buscate huecos entre la entrada y salida del cole. Si sos independiente ¡no procastines! (lo sé por experiencia propia… al no tener horarios tan estructurados tendemos a “usar como fusible” el espacio para nuestras cosas) En fin, cada una sabe cómo es la propia agenda. Lo importante es buscar y bloquear esas dos o tres horas de calidad para ocuparte del tema.

5. Delegar

¡Qué necesario es y cuánto nos cuestaaa! Siempre me pregunto por qué tenemos esa tendencia a querer hacer todo nosotras mismas. Por el momento encontré tres grandes respuestas: porque todo de afuera parece fácil, porque nos pensamos un poco omnipotentes y porque pensamos que va a ser caro delegar. Pero estas tres cosas son absolutamente engañosas.

De afuera todo parece mucho más fácil de lo que es. Yo veo un cuadro de Picasso y pienso “ahh no es tan difícil hacer eso” Ver que al otro algo le sale con tanta naturalidad nos hace creer que cualquiera puede hacerlo. Pero no, no todos tenemos ni los mimos talentos, ni la misma experiencia, ni la misma formación, ni la misma práctica en todo. Entonces: confiemos en los especialistas. Respecto de la onmipotencia, no vale la pena ahondar demasiado: no somos omnipotentes, somos humanos. Fin. Y respecto a lo “caro”, cada vez me convenzo más de que delegar tareas se termina pagando solo. Porque nuestro tiempo vale. Y no digo esto en sentido figurado, nuestro tiempo tiene un precio real y concreto. Entonces todo lo que nosotras podamos “ahorrar” de nuestro tiempo, lo vamos a estar ahorrando en dinero. Ni hablar de que el hecho de trabajar con especialistas nos va a hacer invertir mejor el dinero, y eso también es una manera de ahorro. Por lo tanto, si no podés sola, ¡pedí AYUDA!

6. Mundo online

Si hay algo en lo que el mundo online nos ayuda es a ahorrar tiempo. Hoy podemos resolver casi todo sentadas en casa o en la oficina, desde la compu o el teléfono. Hay una cantidad enorme de recursos que podés aprovechar para decorar tu casa. Desde aplicaciones que te ayudan a hacer un croquis, hasta servicios de decoración que funcionan íntegramente online (nosotros tenemos dos, ¡pero no somos los únicos!) También tenés infinidad de proveedores con catálogos de sus productos, venta y envío 100% online.

Claro que a veces es necesario ver cosas en persona, pero se puede hacer un primer filtro online y después decidir ir a ver las 3 ó 4 cosas que hayas pre-seleccionado. Yo misma hago eso cuando busco muebles u objetos para mis clientes. Aprovechemos todo lo bueno que tiene el mundo online para usar nuestro tiempo de manera eficiente. Hoy estamos conectadas todo el tiempo (¡a veces más de lo saludable!). Desde tu teléfono, en el subte, en la plaza, mientras parás a tomar un café o a almorzar, en el consultorio del médico, o en cualquier otro “tiempo muerto” que tengas, podés usar de los recursos online para ocuparte del diseño interior de tu casa.


Dicho todo esto, una recomendación de yapa: ¡no te pongas excusas a vos misma! El tiempo nunca va a aparecer mágicamente. Nadie va a venir un día y te va a decir “tomá, te regalo una semana o un mes para que te ocupes de diseñar tu casa”. Eso no va a pasar. Pero la buena noticia es que está en TUS manos la posibilidad de ir haciéndote el tiempo (y a mí más que “tiempo” me gusta decir el “espacio”, el “lugar” en tu vida para llevar a cabo ese proyecto.


Si este artículo te puso las pilas, no te dejes estar y empezá ya mismo plantando la bandera. Buscate un cuaderno y anotá el título. Porque la acción lleva a la acción. Si das un paso, eso te invita a dar otro, y otro, y así, sin darte cuenta, vas haciendo lo que pensabas que era imposible, hasta que un día está terminado. En cambio, desde la silla o el sillón, es abrumador pensar en levantarse y dar el primer paso. Da fiaca. Pero hay que vencer esa inercia. ¡Animate!

¡Hasta la próxima!

Sé que encarar el diseño interior de tu casa, o aunque más no sea de alguno de tus ambientes, puede resultar abrumador. Posiblemente te pase que no sabés por dónde empezar, cómo abordar todo junto, cómo pensarlo, qué decisiones tomar, cómo hacerte el tiempo… Por eso preparé este artículo que creo que puede ayudarte a organizarte un poco, a planificar, a ir paso a paso e incluso a no cometer algunos errores que a veces por pasar por alto algunas etapas tendemos a cometer.


Para mí hay cinco grandes momentos o etapas en el proceso de diseño de interiores. Cada una de ellas es distinta, tiene sus particularidades y complejidades, y también su importancia. Tomar conciencia de estos cinco pasos te va a ayudar a organizar tu proceso y a reducir la ansiedad que siempre provocan el desconcierto y la incertidumbre.


1. Motivación

Lo primero que me parece fundamental a la hora de encarar el diseño interior de tu casa es que te preguntes QUÉ TE MOTIVA a hacerlo. El por qué, el para qué. Podrá ser que te mudaste a una casa más grande, que te mudaste sola, que estás esperando un hijo, que vas a empezar a trabajar en casa, que llegó la hora de terminar con el rejunte de cosas que venís arrastrando desde hace años, o cualquier otra cosa que sea la que te impulsa a hacerlo. SIEMPRE hay al menos una motivación. Saberlo y tenerlo presente te va ayudar muchísimo a no perder el rumbo, a mantenerte ENFOCADA.

También en esta etapa, y como consecuencia de este “para qué”, es vital que te preguntes qué querés lograr, cómo te gustaría que sea tu casa, tus prioridades, tus desos, tus necesidades (¡ojo que a veces estas dos cosas se contraponen!), y también que identifiques qué tenés. Preguntarte cómo es tu casa, cuáles son sus potencialidades, las cosas que no podés cambiar, las cosas que sí podés, si tenés cosas que querés conservar, las que sabés que de ninguna manera querés conservar, las que tenés dudas.

Todo esto es parte de un gran DIAGNÓSTICO inicial, un punto de partida para saber dónde estás parada, a dónde querés llegar, por qué, con qué contás y con qué no. Recién con estas cosas claras, es momento de pasar a la siguiente etapa.

2. Inspiración

Esta es la etapa más lúdica del proceso. Es la etapa en la que todo vale, todo está permitido. Esta etapa tiene como objetivo definir un CONCEPTO para tu casa. Para eso, vas a bucear en en un montón de lugares buscando cosas que te inspiren, que te disparen ideas, que te abran nuevas posibilidades.

Este es el momento de fantasear, de imaginar, de proyectarte en diferentes espacios, para ir descubriendo cuál es el camino que mejor te define, el que más se ajusta a tu personalidad y a tu estilo de vida. Es el momento de pensar en colores, sensaciones, texturas, materiales, formas, músicas, climas, emociones. Hacer como una gran bolsa con todas estas cosas sin darles forma definida aún pero que vayan definiendo un conjunto que te permita ir delineando ese concepto, ese ESTILO PROPIO.

Para eso vas a buscar en diferentes lugares. La tendencia típica es ir directo a mirar otros interiores. Entrar en Pinterest y empezar a mirar millones de livings que te gustan y te sirven de inspiración. Y no está mal, pero antes de eso te invito a que busques inspiración en otros lugares más indirectos. Por si te sirve, te dejo este artículo que escribí hace algunas semanas con 6 fuentes de inspiración para tus interiores.

Es muy importante en esta instancia que guardes lo más ordenadamente posible las fotos, videos, artículos y recortes que vayas juntando. Armate una carpeta en la compu donde vas guardando todo clasificado por categorías. También un Tablero en Pinterest depurado, o una carpetita o caja física donde vas guardando las revistas o recortes, o incluso algún material que te haya inspirado.

Tomate todo el tiempo que necesites en esta etapa pero tampoco te eternices. En algún momento hay que pasar a la acción, a la concreción. Entonces mi recomendación es que vayas yendo de lo general a lo particular, bajando de todos los universos posibles a tus UNIVERSOS PREFERIDOS. En un principio no censures nada, pero a medida que avanzás, andá eligiendo, achicando el zoom. Cuando tengas un concepto definido, ahí recién vas a pasar a la siguiente etapa.

3. Proyecto

Esta es la etapa de las DECISIONES CONCRETAS. Es el momento de darle forma a ese estilo o concepto que definiste, a esas ideas que te inspiraron, a esas sensaciones que querés lograr.

Por un lado, vas a definir la DISTRIBUCIÓN de tus espacios: cómo los vas a equipar, con qué distribución, qué medida va a tener cada cosa, qué forma, cómo vas a circular. Estas decisiones tienen que ver con lo funcional, con lo práctico, con las proporciones. Es muy importante que estas decisiones sean acertadas. De nada sirve que un espacio sea hermoso si es incómodo para moverse y para usarlo.

Por otro lado vas a ELEGIR concretamente qué muebles poner, qué cortinas, qué luces, qué cuadros, qué alfombra y al elegir eso vas a estar definiendo de qué material, de qué color y de qué forma va a ser cada cosa. Estas decisiones son un juego permanente entre lo individual y el conjunto. Elijo este sillón. Elijo esta alfombra. Elijo esta lámpara. Pero también elijo cómo quedan ese sillón con esa alfombra y esa lámpara, porque cada decisión va a repercutir en el conjunto.

Mi recomendación es ir siempre de lo general a lo particular, yendo y viniendo hasta tener todo el proyecto armado. Es ideal en esta etapa poder DIBUJAR. Ya sea un plano para tener el layout de distribución, así como algún croquis donde podamos ir dando forma al conjunto. Pero tal vez no tengas ni las herramientas ni las habilidades para poder dibujarlo. En ese caso, tratá de delimitar en el mismo espacio las medidas de cada cosa, usando cinta de enmascarar, o cajas, o cualquier elemento que te permita simular la medida de las cosas. Respecto de los colores y materiales, lo podés hacer usando fotos y poniéndolas juntas para ver cómo funcionan los diferentes elementos. Y también vas a tener que usar mucho la IMAGINACIÓN.

4. Presupuesto

Este paso lo pongo en cuarto lugar sólo porque es el momento en el que adquiere más PRECISIÓN. Porque recién una vez que tengas el proyecto definido vas a tener la certeza de cuánto cuesta cada cosa, o la podrás hacer cotizar con exactitud. Sin embargo, el presupuesto es algo que vamos a ir ponderando en varias etapas del proceso.

Hay casos en los que, de entrada, sabés que contás con un dinero determinado y entonces tendrás que armar un proyecto que se pueda hacer por ese dinero. O quizá tengas un presupuesto más flexible pero vas a querer ir chequeando por dónde rondan tus números mientras estás proyectando. Mi sugerencia en este sentido es no pensar en el presupuesto durante la etapa de inspiración.

Una mecánica que recomiendo es: durante la etapa de motivación, tratar de definir más o menos cuánto podés o estás dispuesta invertir. Sería una manera de saber “dónde estás parada”, con lo que contás y lo que no contás. Después dejar un poco de lado los números y encarar la inspiración lo más abiertamente posible. Ya verás en la etapa de proyecto cómo podés materializar esas ideas con tus recursos, pero que la plata, en principio, no te condicione en esa etapa. Luego en la etapa de proyecto, mientras vas eligiendo los muebles concretos, las cortinas concretas, etc. vas a ir chequeando los valores y armando una planillita con cada ítem para ir teniendo una idea del presupuesto global. Esto te va a permitir ajustar o revisar algunas decisiones.

Pero seguramente termines la etapa de proyecto con algunos valores que te van a faltar. Entonces te vas a tomar un tiempo que va a ser exclusivamente para presupuestar. En esta etapa vas a chequear todos los costos de lo que definiste durante el proyecto y vas a pedir los presupuestos y cotizaciones que te falten. Recién con toda esa información vas a tener tu PRESUPUESTO REAL. Si ves que necesitás hacer algún ajuste, estarás a tiempo de hacerlo y sino, podrás pasar al último paso que es la etapa de ejecución.

5. Ejecución

Este es el GRAN momento en el que todo se convierte en REALIDAD. Llegó la hora de comprar los muebles, encargar las cortinas, pintar las paredes, colocar los empapelados, colocar las luces y darle vida a cada decisión. Es el momento de la magia, el momento en el que sentimos que todo el esfuerzo valió la pena. No hay nada más lindo que ver todo tu esfuerzo, tus dudas, tus decisiones, tus frustraciones, tu tiempo, tus elecciones y tus deseos, tomar forma y convertirse en un HECHO concreto. No hay nada más lindo que ver cómo se arma tu casa, cómo lo que alguna vez soñaste de pronto está ahí y es tuyo.

Ojo, el momento de la ejecución puede ser muy estresante. Por eso es tan importante contar con buenos proveedores y gremios idóneos que puedan llevar a cabo cada tarea. Eso te va a evitar muchísimos dolores de cabeza y te va a permitir disfrutar más de esta última etapa final. Una buena manera de disminuir riesgos en este sentido es pedir recomendaciones, leer experiencias de otros usuarios, ir a ver trabajos que hayan hecho en otros lados y, luego de esto, una vez que elegiste a quien contratar, hacer una buena SUPERVISIÓN


Sé que todo esto parece muchísimo, pero la clave para llevar adelante un buen proceso de diseño interior es hacerlo de forma PLANIFICADA. Tener un plan no sólo es ordenador sino que además nos ayuda a no desbordarnos. Cuando uno camina tiene que dar necesariamente un paso tras otro. La sucesión de cada uno de esos pasos es lo que nos hace llegar al destino final. Lleva tiempo, pero se llega. Bueno, con el diseño pasa exactamente lo mismo. Para llegar a tu casa deseada tenés que empezar por dar el primer paso. Luego, cada paso que des será uno menos que te falta. Y un día, paso tras paso, habrás llegado a la casa de tus sueños.


Y ME DESPIDO CON UNA FRASE QUE LEÍ ALGUNA VEZ Y QUE ME PARECE MUY APROPIADA PARA CERRAR ESTE ARTÍCULO: “NADA TARDA MÁS EN LLEGAR QUE LO QUE NUNCA SE EMPIEZA”.

¡Hasta la próxima!

Sin lugar a dudas, la madera es el material por excelencia para materializar nuestros muebles. Desde el equipamiento fijo de una casa, como los muebles de cocina y los placares, hasta el banquito más pequeño, TODO puede (y suele) hacerse en madera. Si bien hay otros materiales como el hierro, el mármol, el vidrio, el acero, y otros, la madera siempre se lleva la mayor proporción. Además, es muy raro encontrar a alguien a quien no le guste la madera en ninguna de sus formas. Habrá a quienes no les gusten las maderas rústicas, y también a quiénes no les gusten los laqueados brillantes, pero es realmente muy poco habitual encontrar alguien a quien no le guste la madera en absoluto. De hecho, yo creo que nunca conocí a nadie y me atrevo a decir que TODOS tenemos madera en los muebles de nuestras casas.


Sin embargo, me he dado cuenta a través de mi trabajo, que no sabemos muy bien cuántas ni cuáles son las opciones que tenemos para elegir las maderas de nuestros muebles. Por eso pensé en armar este artículo para que puedas conocer las diferentes alternativas, sus características técnicas y también la expresión estética.


La primera gran división que tenemos que hacer es entre las maderas MACIZAS y los TABLEROS DE FIBRAS de madera. Dentro de los tableros de fibra vamos a tener varias opciones de laminados y pinturas. Veamos de qué se trata cada una:

1. Maderas macizas

Las “maderas macizas” son piezas enteras de madera natural que no han sufrido ningún tipo de mezcla con otros materiales, ni alteraciones físicas ni químicas. Dicho de otro modo, son un “trozo de árbol”. Es decir que son lo más auténtico de la madera. (Acá quiero hacer una aclaración: muchas veces se piensa que la madera es antiecológica porque supone la tala indiscriminada de árboles pero esto no siempre es así. De hecho, bien explotada y tratada, la madera es un material ecológico por excelencia, pero no es mi propósito en este artículo extenderme en este punto, sólo mencionarlo).

La madera maciza puede provenir de diferentes tipos de árboles, y esto va a cambiar mucho según las regiones. Acá en Argentina las maderas más características son el petiribí, el paraíso, el guatambú, la lenga, el kiri, el pino, el eucaliptu, el laurel, el incienso y también maderas más duras como el lapacho, el quebracho o el algarrobo. Cada una de ellas tiene una calidad y expresión estética distinta. Desde el color hasta los nudos y vetas hacen que cada especie tenga una personalidad diferenciada y nuestra elección dependerá mucho de lo que queramos lograr en nuestros espacios.

También vamos a tener que considerar las cualidades técnicas. Las maderas blandas como el pino o le kiri, pueden no tener la resistencia que necesitamos y también pueden “revirarse” bastante. Las muy duras como el algarrobo o el lapacho, suelen ser muuuy pesadas y esto para los muebles es un problema. Sin embargo son muy buenas para los exteriores. En cambio las maderas semiduras como el petiribí, el laurel, el paraíso, son maderas intermedias que funcionan muy bien para muchos tipo de muebles interiores y para semicubiertos.

Por ejemplo, estas maderas macizas suelen usarse para sillas, patas de mesas, a veces tapas de mesas también, mesadas, respaldos, camas… En cambio ya casi no se usan para muebles como vajilleros, mesas de luz, racks de TV, etc en donde los enchapados funcionan mucho mejor y son más económicos. Por supuesto nada de esto es taxativo. Existen muebles en todo tipo en maderas macizas, pero a veces el costo y el peso hacen que para muebles en donde no necesitamos una gran resistencia estructural, sea más eficiente utilizar tableros enchapados.

Dentro de las ventajas de las maderas macizas podemos mencionar: la durabilidad, la posibilidad de restauración, la resistencia, lo auténtico, lo natural, lo tradicional. Dentro de las desventajas tenemos: el peso (en algunas), la posible aparición de fisuras, la disponibilidad, el estacionado, cierta limitación en los tonos (aunque puede resolverse con tinturas), y aveces el costo.

2. Tableros de fibra

En el mercado son conocidos como MDF. Son tableros de fibras de madera de densidad media que funcionan como base sobre la que se aplica una lámina delgada de algún material que puede ser, ó una lámina de madera natural, ó laminados plásticos de varios tipos, o bien algún tipo de pintura. Estos tableros están compuestos, en su mayor parte, por fibras de madera, mezcladas con un pequeño porcentaje de resinas. Esto los hace muy resistentes y más económicos que las maderas macizas. Además, como están hechos de fibras muuuy finas (como un polvo) permite buenas terminaciones en los cortes y tallados (a diferencia de los antiguos aglomerados).

Pero en sí mimos estos tableros no tienen un gran valor estético. A veces se los usa directamente barnizados o lustrados pero no es para lo están pensados. Por eso se utilizan como soporte para las chapas o láminas que le darán el acabado final. Veamos las diferentes opciones:

2.a. Chapas de madera natural

Es una lámina muuuy finita de madera natural que se “pega” con calor sobre los tableros de MDF para luego ser protegida con alguna laca transparente o lustre. Una de sus principales ventajas es, sin lugar a dudas, su expresión estética. Las más comunes son el cedro o el guatambú, pero no son más las vistosas.

Podemos clasificarlas en “naturales” y “reconstituidas”. Las naturales son una lámina de la madera tal cual sale del árbol, con sus vetas y nudos. En cambio las reconstituidas son tiras finitas o lonjas de madera pero que se “acomodan” artificialmente para conformar un patrón, que suele ser rayado. Estas chapas no tienen la veta natural del árbol sino un “dibujo” fabricado. También suelen teñirse para lograr distintos colores. Nos dan muchísimas posibilidades de diseño tanto por sus tonos como por sus patrones, que nos permiten jugar con la dirección de las vetas y lograr diseños muy originales. Además conservan la expresión natural de la madera.

Hay muchísima variedad de estas chapas, aunque se consiguen en muy pocos lugares. No todos los carpinteros las trabajan ni saben dónde conseguirlas pero descubrirlas es un mundo fascinante. Hay de muchísimos tonos y diferentes veteados. Acá en Argentina se consiguen varias, casi todas importadas: robles, maple, bamboo, hébano, caoba, cerezo, peral y muchísimas otras. Nosotros hemos hecho una cantidad enorme de muebles con chapas de madera natural.

La principal desventaja es que no son económicas y que no admiten muchas restauraciones porque son finitas, pero bien cuidadas no deberían necesitar ser restauradas.

2. b. Laminados plásticos

En este caso se trata de una lámina de algún tipo de plástico que se monta en fábrica sobre el MDF. Las más conocidas son las melaminas, que han ido evolucionando muchísimo y hay una variedad enorme de colores y texturas. Algunas imitan muuuuy bien la madera y también hay líneas llamadas “textiles” que dan la sensación de un entelado. Tienen la ventaja de ser muy resistentes a los golpes, al calor, a las rayaduras y son mucho más económicas que las chapas de madera natural.

En los últimos años salieron otras láminas plásticas con acabados brillantes y un poco más gruesas que mejoran la resistencia de la melamina y permiten acabados de muchos colores con brillo. Se conocen en el mercado por sus marcas comerciales (Rauvisio, Maxigloss, etc.)

Los laminados plásticos son utilizados principalmente en muebles de cocina y placares. Sin embargo, en los últimos tiempos, con los avances en sus posibilidades estéticas han ido conquistado también dormitorios, escritorios y livings, dependiendo de la onda de cada casa. Si queremos lograr ambientes más elegantes o sofisticados, no recomiendo estos laminados, más bien iría por enchapados naturales o laqueados. Pero en espacios más descontracturados, jóvenes e informales, sin lugar a dudas son una excelente opción. También son ideales para dormitorios infantiles o juveniles.

Es clave una excelente ejecución por parte de los carpinteros para resolver con precisión el enchapado de los cantos y los encuentros entre placas. Respecto del tema ecológico, Hay marcas que tienen un fuerte compromiso medioambiental y trabajan bajo normas estrictas de sustentabilidad.

2.c. Laqueados

Otra opción para darle terminación a los tableros de fibras son las lacas poliuretánicas. Es lo que comunmente llamamos “muebles laqueados”. Básicamente es una pintura de alta resistencia que se aplica a soplete en cabinas especiales sobre el tablero de madera.

Tienen la ventaja de que no hay limitación para los colores ni para los acabados. Se puede lograr cualquier color con acabado mate, brillante o satinado. También pueden aplicase sobre cualquier morfología: superficies lisas, molduradas, curvadas, relieves, etc. Una de las principales desventajas es que no son muy resistentes a los golpes ni a las rayaduras ni al calor. Son muebles que requieren de mucho cuidado.

Sin embargo el laqueado se puede utilizar para todo tipo de muebles: cocinas, baños, mesas, sillas, muebles de TV, mesas de luz, respaldos, dormitorios, escritorios y una larga lista de etcéteras. Siempre queda muy elegante y moderno. Es ideal para ambientes contemporáneos, minimalistas o clásicos. No son muebles muy económicos pero tal vez su valor esté por debajo de los enchapados de madera natural.


Como verán las opciones son múltiples. Por eso hay tres cosas que me parecen importantes para poder evaluar cuál es la mejor opción para vos.

1. La onda que querés lograr para tu casa y para cada espacio y cada mueble en particular.

2. La funcionalidad y los requerimientos técnicos según el tipo de mueble y el tipo de uso.

3. Tus posibilidades económicas.


Haciendo un buen análisis de estas tres variables, podrás decidir cuál es la mejor opción para vos en cada ambiente de tu casa y en cada mueble específico. Y siempre una buena estrategia es MEZCLAR, COMBINAR. Si lo hacemos con gracia y con criterio, las mezclas suelen hacer que los espacios sean más personales e interesantes.

¡Hasta la próxima!

Una de las cosas que veo muchísimo cuando empiezo a trabajar con los nuevos clientes, es que están bastante “mareados” y les cuesta saber y expresar con claridad qué es lo que realmente quieren lograr en sus interiores. En general tienen seleccionadas una cantidad enorme de imágenes que fueron guardando el celu, en Pinterest o en la compu, de manera desordenada, hasta el punto de que les cuesta encontrarlas para mostrármelas, y pasan de un dispositivo al otro diciendo “no, la guardé acá! “ah no, esa la saqué de este otro lado” “no, no, esa se la mandé por whatsapp a mi marido” y demás frases de este tipo que dan cuenta de lo aleatorio de la búsqueda.

Otro rasgo en común es que las imágenes suelen ser o todas muuuuy parecidas (con lo cual daría lo mismo tener una o cien) o todas muuuy diferentes (con lo cual es lo mismo que no tener ninguna) Estoy exagerando un poco, por supuesto… Y casi me atrevería a decir que el 100% de las imágenes son de espacios interiores. Si están por diseñar el living, de livings, si están por remodelar la cocina, de cocinas, y así de literal en cada caso.

No quiero decir con esto que esté mal hacer ese proceso, para nada. De hecho está muy bien, porque los ayuda a “ponerse en situación”, a imaginarse en una cocina así o asá, o en un living como este o como aquél. Pero hoy en este artículo los quiero invitar a abrir un poco más el juego, a buscar un poco en otros lugares, más abiertos, menos literales, y que tal vez te permitan conectarte con cosas más conceptuales que te ayuden a construir la identidad de tus espacios desde otro punto de vista, tal vez más propio, más auténtico y, ojalá, más original.


Para eso, preparé estas 6 fuentes de inspiración que te pueden ayudar a encontrar un CONCEPTO para tu casa que no sea la traslación directa de lo que vemos en las revistas, sino que te permita conectarte con sensaciones y emociones desde un lugar más primario, más esencial.


1. La pintura

Sin lugar a dudas el arte es un gran lugar de inspiración. Los artistas plásticos trabajan con colores, con formas, con texturas, con luces, con la espacialidad. Y todos estos son elementos clave en el diseño interior. Entonces ¿cómo no mirar el arte para inspirarnos? Desde una paleta de color, hasta la identidad que queremos darle a un ambiente pueden estar inspirados en un cuadro.

No es lo mismo pensar un ambiente “salido” de un cuadro de Klimt, que “salido” de un cuadro de Degas, o de un Mondrian (por nombrar sólo a 3 bien diferentes). En el primer caso tenemos lo vibrante, el brillo, lo sensual, el detalle, el ornamento; en el segundo caso aparece más lo diáfano, lo etéreo, lo elegante, lo sutil, lo clásico; y en el tercero lo geométrico, con colores puros y primarios, el orden, mucho contraste y planos bien definidos. Analizar y tratar de poner en palabras lo que nos transmite una obra de arte, nos va a obligar, de alguna manera, a bajarlo a conceptos para poder definir con cuál nos identificamos mejor y entonces desde ahí sí salir a buscar referencias de interiores en los que veamos plasmados esos conceptos.

2. La naturaleza

Esta creo que es la fuente de inspiración más primaria que tenemos. Casi les diría que es la razón de ser del diseño interior. La naturaleza es bella por definición. El mundo está lleno de paisajes muy diversos, entornos naturales con muchísima identidad que nos emocionan a veces hasta las lágrimas.

La naturaleza es el primer entorno de la humanidad, el primer ámbito donde habitamos. En un principio las personas vivían en la naturaleza misma: las cuevas, las cavernas, la selva, las palmeras, etc. Luego, con el avance de la cultura, y los desarrollos tecnológicos, fuimos construyendo nuestros propios espacios y con eso cambiando la experiencia de habitar. Pero la naturaleza ya nos había educado en la belleza y entonces ¿cómo no buscar trasladar esa belleza a nuestros interiores?

También acá aparecen colores, texturas, espacios, luces. Y también es de la naturaleza de donde vamos a tomar gran parte de los materiales concretos con los que vamos a materializar nuestros espacios: madera, piedra, tejidos, metales, etc. Entonces la naturaleza va a estar presente siempre de manera muy directa en nuestras casas. Prestemos atención y preguntémonos qué nos atrae de los distintos entornos naturales para saber bien qué expresión queremos para nuestros espacios.

3. El cine

Sintetizo en el cine pero me refiero a cualquier pieza audiovisual: una película, una serie, un videoclip, un corto, una animación, etc.

Es muy común hablar de que las películas están “ambientadas” en tal época, o en tal lugar. En general, en las producciones, hay un estudio bastante minucioso y cuidado de esas épocas o de esos lugares para reproducirlos de la manera más fiel posible. Las películas también se ocupan de recrear cuidadosamente ciertas “estéticas”, ciertos climas. Es por eso que se convierten en otro gran mar en el que bucear para poder descubrir lo que nos gusta y nos identifica.

Hay una pregunta que suelo hacerles a mis clientes y es ¿en que libro o película vivirías? En general les cuesta un poco contestarla (o les da pereza) pero si hacen el esfuerzo y lo piensan un poquito, suelen aparecer respuestas muy valiosas y significativas. No es lo mismo imaginarse viviendo en Mad Men, que en Amelie, que en Downton Abbey, o en El Cartero, en la serie nórdica El Puente.

Una vez me acuerdo que le pedí a una clienta que fuera a ver una película para convencerla de poner una mega biblioteca en el sector del comedor principal. No sólo fue a verla, sino que además le encantó la peli y terminamos poniendo la biblioteca ahí, junto a la mesa, y quedó diviiinaaa (antes de que pregunten, la película era una francesa que se llama “Caché, escondido”, año 2006)

4. La música

Hay otra pregunta que me gusta mucho hacerles a los clientes, y también a mi misma cuando estoy trabajando en un nuevo proyecto, y es “¿qué música le pondrías a este espacio?”. Los invito a hacer el ejercicio de imaginarse un espacio en el que esté sonando un tema de jazz clásico, otro en el que esté sonando una zamba y otro en el que esté sonando un tema de Charly García. ¿Se imaginan lo mismo en los 3 casos? Estoy segura de que no.

La música genera emociones, estados de ánimo, nos conecta con lugares, con regiones, con modos de vida, con energías diferentes. Pensar en la música que se escucha en tu casa, la música que te hace vibrar, es un excelente ejercicio para indagar un poco en cómo proyectar tu personalidad en tus espacios y también cómo bañarlos de un determinado estilo.

5. Las culturas del mundo

A lo largo de los siglos y los milenios, y todo alrededor del mundo, la humanidad fue desarrollando culturas con identidades bien diferentes y bien definidas que hoy conforman un gran legado; un trabajo inconcluso al que todas las generaciones y pueblos seguimos y seguiremos aportando incansablemente.

Antes era muy remota la posibilidad de intercambio, de conocer otras culturas y otros pueblos. Eso, sumado al fuerte condicionamiento de los distintos contextos geográficos, climáticos, históricos, sociales, fue lo que permitió el surgimiento de culturas tan diversas. Hoy que la tecnología y el transporte nos ponen a un click de distancia con el otro extremo del planeta, tenemos acceso al mundo entero.

Podemos estar en la ciudad de Nueva York y al mismo tiempo conocer lo que está ocurriendo en el pueblo más remoto de Asia. Y de todo eso podemos APRENDER, e inspirarnos, y empezar a tomar aquellas cosas que nos sirvan, que nos motiven, que nos den curiosidad o nos IDENTIFIQUEN con nuestra propia EXPERIENCIA.

6. La moda

Una cosa que suelen decirme mucho las clientas es que no entienden por qué no tienen ninguna dificultad en encontrar su estilo para vestirse, para combinar su ropa, sus accesorios, sus zapatos y carteras, y en cambio sí se encuentran muy perdidas a la hora de pensar todo eso para sus espacios. Yo suelo decirles que mirar cómo se visten es un excelente punto de partida para pensar sus casas.

La “moda” (lo pongo entre comillas porque nos referimos con ese término a la manera de vestir, pero descreo un poco de “las modas”) es una manera de comunicarnos, de expresar lo que somos, cómo somos. Es una manera de presentarnos al mundo. Nuestra forma de vestir habla muchiiiiisimo de nosotros.

Si solés vestirte con colores neutros, seguramente no prefieras una casa llena de color. Si en cambio combinás colores y texturas, seguramente quieras eso también para tus espacios. Si usás ropa más bien informal o deportiva, seguramente tus interiores sean bien diferentes a los de quien se viste de manera más formal.

Un muy buen ejercicio para inspirarte es elegir 4 o 5 prendas o accesorios de tu guardarropas y armar un conjunto que te encante cómo combina. No lo pienses para ponértelo realmente, pensalo sólo como una combinación, porque eso te va a dar más libertad de mezclar algunas prendas que si tuvieras que vestirlas realmente no te pondrías (por ejemplo una blusa y un vestido) porque quizá encuentres en los colores o las texturas de esas dos prendas una combinación que te encante y sirva de inspiración. Sacale algunas fotos y guardala.


Por supuesto estas no son las únicas seis fuentes de inspiración que podemos encontrar para pensar nuestros espacios, son sólo las que a mi me resultan más relevantes. Si a vos te surgen otras, ¡bienvenidas sean! Y tampoco se trata de usarlas todas, ni todas juntas. Cada quien sentirá más cercanía o conexión con alguna o algunas de ellas y en esa misma elección ya vas a estar poniendo en juego muchiiiisimo de tu PERSONALIDAD.


LO QUE ME PARECE IMPORTANTE ES PERMITIRNOS ABRIR LA CABEZA Y JUGAR UN POCO, PARA LOGRAR ESPACIOS QUE SURJAN DE NOSOTROS MISMOS Y NO SÓLO DE LAS FOTOS DE LAS REVISTAS.

¡Hasta la próxima!

Una casa es mucho más que sus paredes, pisos, techos y ventanas. De hecho, cuando terminamos de construir nuestra casa (departamento, PH, lo que sea), o nos entregan la llave de la que acabamos de comprar, no es más que una especie de “caja”, que podrá tener más o menos gracia propia, pero que en realidad no es nada sin todo lo que vamos a llevar con nosotros para poder habitarla. Y estas son las dos grandes palabras en las que me quiero detener: HABITAR y NOSOTROS.


Habitar tu casa no es sólo estar bajo un techo, abrigada, tener un lugar para dormir, un lugar para cocinar, y un lugar para cada una de las cosas que tenemos que hacer. Habitar es una EXPERIENCIA muchísimo más profunda que eso. Porque habitar tiene que ver con las EMOCIONES.


Y es justamente ese el motivo por el cual, es muy importante la otra palabra: NOSOTROS. Porque esa experiencia no es universal. Cada uno de nosotros es capaz de experimentar sensaciones radicalmente opuestas ante un mismo estímulo. Hay quienes vibran ante los colores intensos y en cambio hay otros que se abruman. Hay quienes se sienten libres ante una gran superficie vidriada y en cambio hay otros que sienten vértigo. Porque somos diversos. Hay tantas experiencias posibles como habitantes en el mundo.

Por eso la vital importancia de diseñar nuestros espacios, nuestros ambientes: para apropiarnos de ellos, para que resulten fáciles de ser habitados, para que se ajusten a nuestras necesidades, a nuestros deseos, a nuestros gustos y por qué no a nuestros caprichos. Para que podamos habitar nuestra casa permitiéndonos la experiencia más significativa para nosotros.

Y para lograr que eso suceda, hay tres cosas primordiales a considerar a la hora de pensar nuestros espacios:

1- La personalidad de sus habitantes

2- La personalidad de la casa misma

3- La personalidad del entorno

A las personas es relativamente fácil decodificarlas. Porque las personas podemos hablar, decir, preguntar, pedir cosas, mostrar fotos, colores. Podemos expresarnos. Decir sí y no, poner caras, mostrar nuestras emociones. (aunque más de una vez lo que decimos no se condice necesariamente con lo que más deseamos, pero eso dejémoslo para los psicoanalistas…).Y es desde ahí entonces que podemos delinear la personalidad de cada uno.

A las casas, en cambio, hay que interpretarlas, para poder conocer cómo son. Porque las casas siempre tienen personalidad propia, siempre “dicen” algo. De movida, no es lo mismo una casa en un country, que un PH urbano, o un departamento en el piso 25. Y aún dentro de esos grupos, cada vivienda va a tener cosas para decirnos, que los diseñadores tendremos que saber “escuchar”. No es lo mismo una casa de techos altos con puertas de madera antiguas, que una casa con barandas de vidrio y acero inoxidable, por ejemplo. Entonces es muy necesario tomarse un momento para percibir lo que la casa “trae”, lo que está en su ESENCIA, en su naturaleza.

Y en cuanto al entorno, definitivamente va a aportar su personalidad (su fuerte personalidad en todos los casos) a esa experiencia de habitar nuestros espacios. No es lo mismo estar en Santa Fe y Callao en la Ciudad de Buenos Aires, que frente a un lago en la Patagonia, o frente al mar, o en el Delta. Es distinta la vista, es distinto el sonido, es distinto el clima, el olor, la luz, la perspectiva… Y voy más allá: no es lo mismo la esquina de Santa Fe y Callao que la de Corrientes y 9 de Julio, por poner dos puntos bien urbanos dentro de la misma ciudad. Habrá más cosas en común, por supuesto, pero aún así cada uno tiene sus particularidades. El entorno es, sin dudas, un condicionante fundamental a la hora de diseñar nuestros espacios.

Y estas tres cosas, están muuuuy, pero muy, entrelazadas entre sí.

Por un lado, el hecho de que hayas elegido vivir en Buenos Aires o en el Delta, ya dice muchíiiisimo de vos. En esa decisión ya estás poniendo en juego una buena parte de TU personalidad. Lo mismo ocurre con la decisión de vivir en una casa suburbana, o un PH en un barrio porteño, o en un edificio en torre en Belgrano. Eso también cuenta cosas acerca de lo que vos querés, de tu estilo de vida, de tus intereses y de tus necesidades.

Por otro lado, también las casas y los entornos están estrechamente ligados y se condicionan. El clima, el espacio disponible, los materiales locales, la disponibilidad de transporte y mano de obra, entre otras cosas, hacen que la arquitectura tome algunas expresiones particulares según los distintos contextos. Es inevitable pensar en ciertas tipologías y no asociarlas con determinados paisajes. Pienso en la casa alpina, la cabaña de troncos, las torres vidriadas, las casas de madera… Y esas tipologías no son caprichosas. Siempre tienen una razón de ser que las vincula directamente con el lugar en donde se originaron. A veces suelen traspolarse a otros lugares, que poco tienen que ver con los originales, y ahí es donde todo empieza a hacerse un poco más… ¿impostado?.


Como verán, no hemos hablado de telas, ni de muebles, ni de maderas, ni de luces y, sin embargo, hemos estado hablando todo el tiempo de INTERIORISMO. Porque este hermoso juego es lo que hacemos los diseñadores de interiores. Te escuchamos a vos, te decodificamos, nos empapamos del entorno, lo respetamos, hacemos hablar a tu casa, la interpretamos, y al fin, con toda esa información, la TRANSFORMAMOS.


A través de las proporciones, los colores, las luces, las texturas y las formas, le damos vida a esa “caja” para lograr ambientes especiales para que vos (y los tuyos) experimenten cada día las emociones más propias, y más bellas, al habitar esos espacios. Ese es el gran sentido del diseño interior.

¡Hasta la próxima!

Diseñar el interior de una casa es, para mí, lograr fusionar la esencia de la casa misma, con la personalidad de sus habitantes. Definitivamente, no concibo un espacio en donde no estén puestas en juego estas dos cosas.

Por un lado, la casa habla por sí sola, claro. No es lo mismo, por ejemplo, un departamento a estrenar que un PH antiguo reciclado, o que una casa en la playa, o una en un barrio cerrado del conurbano. La casa, y también el entorno, por supuesto, ponen ciertos condicionantes que tendremos que tomar como premisas para nuestro diseño. Puede tratarse de un departamento súper moderno o de una casa centenaria. Puede ser de ambientes pequeños o, al revés, de espacios amplios e integrados. ¿Tiene techos bajos? ¿Tiene dobles alturas? Los materiales pueden ser cálidos, o fríos, o rústicos, o minimalistas. ¿Tiene buena luz natural? ¿Tiene lindas vistas? En fin, hay una cantidad enoooorme de cosas que debemos “preguntarle” a la casa.

Y la otra parte fundamental e indispensable de la cuestión son las personas, o sea: VOS, ni más ni menos que vos y  LOS TUYOS. A mi modo de ver las cosas, es imposible diseñar el interior de tu casa, sin sacar a relucir cómo sos, cómo vivís, qué te gusta, qué no te gusta, con quiénes vivís, o con quiénes pensás vivir en el futuro, qué disfrutás, que deseás y, cómo digo siempre, hasta cuáles son tus caprichos. Porque tu casa tiene que ser el reflejo de todas esas cosas. De eso hablamos cuando hablamos de darle personalidad a tu casa.

Seguramente, al decidir comprar una casa en un country, o un departamento a estrenar, o un PH reciclado, ya hayas puesto en juego muchíiiiiiisimo de todo eso que sos y te define. Con el diseño interior, lo que tenés que lograr es terminar de “habitarla”. Amo este término: HABITAR. Porque es mucho más que vivir en un lugar. Habitar es apropiarse de los espacios con todo lo que vos sos ó querés ser (porque el buen diseño interior también nos modifica a nosotros, nos hace ser más auténticos y nos ayuda a vivir la vida más en sintonía con nuestro deseo, pero esto lo dejo para otro artículo).  Habitar es sacar lo más verdadero, desde tu propio interior, y proyectarlo hacia el interior de tu hogar.

Es un trabajo desde adentro hacia afuera.

Es un trabajo desde la esencia.

En este artículo, quiero hablarte de los tres recursos básicos e indispensables que tenemos para conseguir que tus interiores tengan esa personalidad que los hará únicos e irrepetibles, como vos. Por supuesto, lo primero que tenés que definir es qué querés logar. Y eso, sólo vas a saberlo haciendo ese trabajo de introspección. (Te dejo acá en este link un artículo que escribí para fin de año que te puede ayudar a saber lo que querés: http://renovatusespacios.com.ar/guia-de-20-pasos-para-planear-tu-casa-ideal)

Ahora sí, ¡hablemos de los tres recursos!

1. El color

¡¡Hermoso recurso!! Y cuántas posibilidades nos da. Acá quiero aclarar que hablar de color no quiere decir que tus ambientes tengan que ser todos coloridos y vibrantes. Quiere decir que, aún cuando te decidas por una paleta monocromática, vas a tener que definir cómo son esos tonos neutros. Decir “quiero todo blanco” es también una decisión de color.

Dicho esto, hablemos del color.

El color nos da infinitas posibilidades para comunicar cosas. Una paleta más bien neutra, por ejemplo, nos dará una sensación de calma y nos dará también ambientes más clásicos y sobrios. Si esa paleta es de tonos claros, además nos aportará luminosidad. En cambio los tonos más oscuros nos van a sumar un poco de dramatismo y de intensidad y, probablemente, también ambientes más cálidos.

Si en cambio optamos por una paleta más colorida, tendremos que pensar si vamos a querer colores vibrantes o más pasteles. Si vamos a combinar más de un color en cada ambiente, o vamos a elegir uno solo para combinar con neutros. Y entonces tendremos que pensar cuál o cuáles van a ser esos colores.

Tenemos los colores más fríos como el azul, el verde y el violeta, o los más cálidos como el rojo, el amarillo y el naranja. Y si vamos a combinar colores, una buena opción bien contrastante es usar los complementarios (violeta-amarillo, rojo-verde, azul-naranja). Pueden dar resultados muuuy interesantes ¡pero hay que saber aplicarlos! Vamos a obtener espacios muy enérgicos, lúdicos y osados. Otra opción es usar una paleta más progresiva, es decir, tomar un color, pongamos el azul, y trabajar con varios tonos de azules que podrán ir virando hacia los celestes o turquesas y, hacia el otro lado, subir hasta los grises o negros. En este caso obtendremos espacios más homogéneos, más tranquilos y posiblemente más elegantes.

Los colores son infinitos, las combinaciones también y los recursos de cómo aplicarlos o combinarlos son múltiples. Con cada decisión que tomes respecto del color, vas a comunicar cosas diferentes. Entonces es MUY importante que pienses qué querés sentir en tu casa y cómo vas a trasladar tu personalidad a tus espacios a través del color.

Acá te dejo algunos ejemplos de paletas de color bien diferentes.

Son sólo ejemplos. ¡A definir la tuya!

 

2. La textura

Cuando hablamos de texturas, hablamos necesariamente de los materiales. La textura está asociada al sentido del tacto, pero también la vista percibe diferentes cosas a través de las diferentes materialidades.

No tenemos la misma sensación si vemos una madera que si vemos una pieza de acero inoxidable. Tampoco si las tocamos. La madera es cálida a la vista y al tacto. En cambio el acero es frío para ambos sentidos. En general, lo que se percibe con la vista se percibe también al tocar una textura o material.

Una vez más, lo que tenés que decidir es qué querés que “diga” tu casa a través de los materiales y sus posibles combinaciones. Si querés lograr un ambiente muy natural, probablemente elijas materiales que vengan de la naturaleza, como la madera, los tejidos, las cañas, las piedras. En cambio si querés un ambiente más moderno, elegirás materiales más industriales como el acero, el vidrio, las telas sintéticas, los plásticos.

En general las superficies más lisas y reflectivas, como los espejos, los mármoles, los cromados, los porcelanatos pulidos, las sedas, tienden a materializar ambientes más fríos. En cambio, las superficies más rugosas y absorventes como las maderas, las piedras, los linos, las panas, las alfombras, tienden a hacer mucho más cálidos los espacios.

Hacer una buena paleta de materiales es fundamental para definir un concepto sólido para el diseño interior de tu casa. Por supuesto, la paleta de materiales va de la mano de la paleta de color. No pueden pensarse de forma independiente, aunque acá por motivos didácticos las estemos definiendo por separado.

Claro que las texturas se pueden combinar, y en general vamos a obtener resultados muy interesantes cuando lo hacemos. Por ejemplo, si en un espacio donde predominan las maderas y los tejidos, incorporamos algún elemento estratégico metalizado (un cromado por ejemplo), vamos a generar una tensión y un contraste que, si está hecho con arte, va a dar un efecto mucho más rico que si nunca se altera la regla.

Acá te dejo, a modo de ejemplo, dos paletas de materiales con diferente estilo.

3. La luz

¡Luz, divina maravilla! ¿Qué sería de todo esto sin la luz? NADA, sencillamente nada.

La luz es EL recurso por excelencia en la arquitectura interior. Te sorprenderías al ver cómo sólo cambiando la iluminación de tu casa, podés lograr transformaciones tan significativas.

Tenemos, por un lado, la GRAN fuente de luz natural que es EL SOL. En la arquitectura, la luz del sol es una herramienta clave en muchos sentidos. En lo que al diseño interior respecta, tenemos que saber, por empezar, cómo está orientado cada ambiente de tu casa. No es lo mismo un ventanal orientado al sur, que no va a recibir un solo rayo de sol (en el hemisferio sur, claro), y por lo tanto la luz del día va a ser más blanca y más fría, que un ventanal orientado al oeste, que va a recibir todo el sol de tarde, tornando el espacio mucho más anaranjado o amarillento, y que además va a requerir de buenos elementos para filtrar esos rayos potentes de sol rasante (cortinas, persianas, parasoles).

Sabemos que el color no existe sin la luz. Por lo tanto, sabemos también que los diferentes tipos e intensidades de luz van a generar cambios MUY significativos en la percepción del color. Por ejemplo: si una pared beige está bañada por la suave luz del sur, ese beige se va a hacer más pálido, se va a hacer más frío. Si en cambio esa misma pared recibe el sol del oeste, va a tener tendencia a virar hacia el amarillo.

(Acá una recomendación fundamental que viene al caso: si vas a pintar tu casa, elegí siempre el color de tus paredes haciendo una prueba en el ambiente donde lo vas a aplicar y mirándola en varios momentos del día antes de comprar la cantidad necesaria).

Pero también tenemos la luz artificial, que nos va alumbrar durante la noche, o bien nos va a ayudar a iluminar los ambientes que no tienen buena luz natural durante el día. Este tema merece un artículo aparte (y ya lo haré…) pero por ahora van algunas consideraciones generales.

En mi opinión, la premisa básica para la luz artificial es que sea VERSÁTIL. Es decir: tener posibilidades de jugar con los efectos de luz. Soy muy detractora de la idea de que la luz es sólo para iluminar. La luz viste. La luz puede transmitir calidez, o calma, o alegría, o sosiego, o melancolía, o sensualidad, o… La clave es tener previstas las posibles combinaciones de las luces de tu casa para que puedan acompañar los distintos climas.

Si tenés una reunión de amigos, es probable que necesites una luz vibrante, que acompañe un espíritu más festivo. Si en cambio estás leyendo un libro, tal vez quieras una luz más focalizada, que te de una atmósfera de mayor intimidad. Si estás cocinando, seguro necesites una luz más intensa. En cambio, cuando la cocina no está en uso, quizás sea más acogedora sólo la luz cálida del bajo alacena Entonces, una buena idea es pensar qué tipo de situaciones vas a querer lograr y elegir distintas luces que se puedan ir encendiendo o apagando para lograr esos climas diversos.

También pensar si esas luces van a ser cálidas, o frías o neutras, y cómo se van a complementar. Si van a ser directas, indirectas, direccionales, envolventes… Si vas a usar luces de techo, de pared, de mesa, de pie. Si los artefactos van a ser piezas decorativas y cuáles, y cuáles otras van a ser de embutir, para pasar más desapercibidas.

Otra cosa que hay que saber es cuánta luz es adecuada para cada ambiente. Y acá también entramos en el gran “depende”, porque todo puede cambiar de acuerdo a lo que quieras lograr.

La luz es un tema central en el diseño de interiores. Te dejo acá algunas imágenes de situaciones de luz natural y artificial que ejemplifican estos conceptos.

La síntesis entre estos tres elementos, es lo que va a terminar definiendo la personalidad de tu casa.

Hay muchísimas posibilidades y muchísimas combinaciones. Se trata de usar la creatividad y de ser valiente para animarse a tomar decisiones atrevidas. Tu casa es tu nido, tu refugio. Tu casa es el lugar donde más a gusto tenés que estar. Es tu pequeño mundo. Animate a ponerle vida para que sea el reflejo de tu propio color y de tu propia luz interior.

¡Hasta la próxima!

Si estás leyendo este artículo, tal vez sea porque estás pensando, o fantaseando, con remodelar tu casa. Y probablemente se te crucen por la cabeza miles de razones que te desalientan: el lío de una obra, cómo voy a hacer, los obreros, la suciedad, el tiempo, los costos, por dónde empezar, a quién recurrir, qué me conviene hacer, ¿y si meto la pata? ¿por dónde empiezo? Y mientras tanto seguís viviendo en una casa que no es la que soñás. Una casa que ya no te alcanza. Quizás porque cambió la composición de tu familia, quizás porque vos ya no te conformás con “el techo propio”. Ya lo tenés, ya lo conseguiste, y ahora además querés ponerle personalidad, querés que sea bello, funcional, que tenga onda, que te represente, que se ajuste a tu estilo de vida.

Por eso pensás en remodelarlo, y te ilusionás con esa casa especial, como esas que ves en las revistas, y sabés que la podés lograr, porque tu casa tiene potencial, y está bien ubicada… Y de pronto otra vez dudás: ¡¿Reformar?! Tal vez te da miedo. Bueno, te digo algo: ¡¡¡es absolutamente normal!!

Parece sencillo… pero cuando empezamos a profundizar vemos que no lo es tanto. Sin embargo, la buena noticia es que tampoco es taaaaan difícil. Y la otra noticia, que es mejor aún, es que es REALMENTE HERMOSO ver el PROCESO DE TRANSFORMACIÓN de una casa. Ver cómo se va convirtiendo en un lugar radiante, vital, vibrante, funcional, aireado, moderno, cálido, personal. Te lo digo yo que trabajo de esto hace casi 15 años, y todavía hoy me emociono al ver el cambio de cada casa en la que trabajamos.


Por eso es que me puse a pensar en algunas razones clave por las que, estoy completamente segura, de que bien vale la pena embarcarse en una reforma. No son razones técnicas, ni económicas, esas las vamos a dejar para otros posteos en donde analizaremos estas cuestiones más “duras”. Hoy quiero hablarte de la RAZÓN DE SER de una reforma, del CORAZÓN de ese cambio.


1- Hecho a tu medida

Para empezar a hablar, tenemos que decir que las chances de encontrar una vivienda que ya esté hecha “a tu medida” son bastante bajas. Te habrá pasado que, buscando casa para comprar, a todas les encontrabas algo que no te convencía: algo estético, algo funcional, algo que te hacía no sentirla propia, cualquier detalle que se transformaba en un “pero”. En cambio, una reforma, te permite hacer la casa ideal para vos, esa que es única e irrepetible, que tiene tu sello, que te representa. Y eso, (te lo garantizo) genera un vínculo muy estrecho entre tu casa y vos. Se convierte en tu nido, tu refugio, el lugar al que querés llegar, en el que te querés quedar y del que no te querés ir.


2 – Un estilo de vida

El lugar en el que vivimos condiciona directamente la forma en la que vivimos. Por lo tanto, no es difícil deducir que, si nuestra casa no se condice con nuestra forma de vida, difícilmente podamos sentirnos a gusto y disfrutar a pleno del estilo de vida que queremos. Y este es un PUNTO CLAVE: una de las principales razones por las que vale la pena reformar, es para que puedas empezar a vivir la vida como la querés vivir y no como podés. Te asombraría saber cuánto puede ayudar una buena reforma en ese sentido.


3 – Ya la conocés de memoria

Hay tres casos típicos en los que uno piensa en reformar (no son los únicos pero son un clásico): o porque vivís en una casa y ya no se ajusta a tus deseos y necesidades, o porque heredaste una antigua casa de la familia y necesitás adaptarla a tu vida y modernizarla, o porque compraste una casa que ya tiene sus años con la idea de reformarla. En los dos primeros casos, hay algo que se vuelve muy importante a la hora de reformar, y es que ¡¡ya la conocés de memoria!! Vos más que nadie sabe cómo es esa casa. Desde cómo entra el sol en cada estación de año, hasta por dónde pasan las cañerías. Y eso es VALIOSÍSIMO a la hora de remodelar, porque ya sabés lo que tiene y también lo que necesita. Y también sabés lo que necesitás vos, lo que la casa te da y lo que no te da, lo que te hace amarla y lo que te hace odiarla, sus fortalezas y debilidades. Y ese es un EXCELENTE PUNTO DE PARTIDA.

4 – Factor emocional

Contrariamente a lo que tendemos a pensar, las obras de arquitectura en general, y las viviendas en particular, son espacios vivos, dinámicos.
A lo largo de su existencia (que en muchos casos suele superar en longitud a la de los seres humanos) se van transformando, como nos transformamos todos.
Uno a lo largo de la vida crece, madura, cambia de opinión, de gustos, genera nuevos vínculos, cambia el cuerpo, los estados de ánimo, en fin…
La vida de las casas está íntimamente relacionada con la vida de sus habitantes. No sólo con sus rutinas y sus necesidades funcionales más concretas sino, fundamentalmente, con SUS EMOCIONES .
Y ese factor emocional, es un MOTIVO CLAVE por el que tiene sentido hacer una reforma: es una manera de hacer crecer el vínculo con esa casa, de hacerlo madurar junto con nosotros.


5 – Tener un proyecto por delante

Convengamos que la vida se trata de eso, de tener proyectos. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos una meta que alcanzar, o un desafío por delante? Todo el tiempo estamos proponiéndonos cosas, deseando cosas. Los deseos, que transformamos en proyectos, son el gran motor de nuestras vidas. Cuánto más nos acerquemos a vivir en comunión con nuestros deseos, más nos vamos a acercar a una vida plena y, por qué no decirlo, más feliz. ¿Y qué mejor desafío que transformar tu casa en la casa de tus sueños? Es un GRAN PROYECTO. Y (confía en mí), es absolutamente posible. Es sólo cuestión de animarse y de hacerlo de manera planificada, a consciencia, bien asesorados, para tomar decisiones en firme, minimizando riesgos y maximizando el disfrute.


Como les digo siempre a mis clientes en las primeras reuniones: reformar una casa es una GRAN AVENTURA. Hermosa, pero aventura al fin. Es un proceso lleno de emociones. Te vas a divertir, te vas a emocionar, vas a sufrir, te vas preocupar, te vas a enojar, vas a volver a sonreír, te va a dar ansiedad, te vas a sorprender, te vas a volver a reír, y al final vas a sentir que todo VALIÓ LA PENA.


La clave del asunto es no emprender una reforma de manera improvisada. Ya iremos viendo en futuros posteos algunos consejos y sugerencias para evitar errores, anticipar algunos problemas y reducir los riesgos.

¡Hasta la próxima!

Uno de los grandes proyectos que tenemos en la vida, suele ser alcanzar la meta del “techo propio”. Pero cuando lo conseguimos, y pasa el tiempo, llega un momento en que ya no nos conforma “sólo un techo”. Queremos más. Queremos una casa con personalidad, una casa que nos encante, una casa radiante. Porque las personas somos así, vamos subiendo la vara de nuestros deseos y desafíos. Entonces, una vez que llegamos a ese objetivo que en algún momento nos pareció inalcanzable, nos damos cuenta de que queremos dar otro salto, y pensamos en transformar ese “techo” en un lugar increíble, personal, diseñado, funcional, confortable, armonioso, acogedor. Queremos una casa especial. Y es ahí cuando aparece la idea de remodelar, para transformar una casa cualquiera en NUESTRA CASA, para ponerle nuestro sello, nuestra impronta.

Pero pronto también nos damos cuenta de que emprender una reforma puede ser un proyecto tan hermoso como aterrador. Enseguida nos enfrentamos a todas las variables que deberemos considerar, desde qué hacer, hasta con quién hacerlo, pasando por la logística, los costos, los gremios, los riesgos. En fin, una cantidad de cosas que desconocemos y que de entrada nos pueden abrumar.


Por eso, me parece importante saber cuáles pueden ser algunos de los errores típicos en los que podemos caer a la hora de encarar un reforma. No son los únicos pero, a lo largo de mi experiencia trabajando con distintos clientes, veo que estos tres errores son, además de muy frecuentes, los que pasan más inadvertidos. Sin embargo, pueden generarnos grandes dolores de cabeza y resultados indeseados.


1. No hacer un buen diagnóstico

Para los que ya leyeron algún artículo mío, sabrán lo insistente que soy con esto, pero la cantidad de veces que me encontré con clientes que saltean por completo la instancia del diagnóstico es incalculable. Es muy pero muy común, que vayan directamente a la solución y no se detengan a pensar antes cuál es el problema. Por ejemplo, me plantean en la primer entrevista: “quiero sacar esta puerta de acá y ponerla en este otro lado”. Ok, pero ¿por qué? ¿para qué? ¿cuál es el problema que querés solucionar?

Entonces empiezan a aparecer respuestas como “bueno en realidad porque es muy incómodo pasar por el medio de la cocina para ir al living, y la cocina no me resulta funcional”, por ejemplo. Y ahí tenemos el diagnóstico: tenemos un problema de circulación entre la cocina y el living que además hace que la cocina no sea funcional. Y ahí viene la siguiente pregunta: cambiar la puerta de lugar, ¿es la única solución? ¿es la mejor solución?.

Pensar las cosas desde el diagnóstico nos permite considerar las múltiples soluciones que SIEMPRE hay ante un mismo problema, y evaluar los pros y los contras de cada una. Tal vez, finalmente terminemos concluyendo que sí hay que cambiar la puerta de lugar pero tal vez (y se sorprenderían de saber la cantidad veces que esto pasa) aparezca otra solución, a veces más simple, a veces mas económica o, incluso, que hasta resuelva más de un problema a la misma vez.


Entonces, ¡OJO!, pregúntate siempre qué le pasa a tu casa, qué es lo que no funciona, o no te gusta, o no es confortable, antes de empezar a plantear soluciones. Teniendo eso claro, vas a reducir muchísimo la posibilidad de tomar decisiones equivocadas.


Un caso, a modo de ejemplo (lo escuché una vez en una charla TED): En una escuela, “necesitaban” agrandar los corredores a la salida de las aulas porque no eran suficientemente grandes para alojar la cantidad de alumnos que salían a la misma vez cuando sonaba el timbre del recreo o de fin de curso. Esto era algo urgente porque, además, hacía peligrosa la evacuación. Entonces llamaron a un arquitecto para que hiciera un proyecto para ampliar los corredores. El arquitecto, antes de ponerse a dibujar, pensó ¿cuál es el problema acá? El corredor es chico para la cantidad de alumnos que salen en simultáneo. Tres variables: chico, cantidad de alumnos, simultaneidad. Y entonces se le ocurrió preguntar “¿Pensaron en reducir la cantidad de alumnos en vez de agrandar el corredor?” “Eso no es posible”, dijeron enseguida las autoridades de la escuela tratándolo de insensato. El arquitecto contestó: “Claro que es posible y podría solucionarse en un día, colocando un segundo timbre y programando dos turnos de entrada y salida de los alumnos”. Cero obra, presupuesto despreciable, implementación inmediata. Soluciones como esta surgen sólo de un buen análisis de diagnóstico.

2. Subestimar

Este error es otro clásico que veo todo el tiempo, no sólo en las primeras entrevistas con mis clientes, sino en general, en ámbitos sociales en donde escucho hablar acerca de obras y reformas.

¿A qué me refiero? Me refiero a una cantidad de creencias que nos hacen (mal)pensar que todo va a ser fácil, rápido, bueno y barato, y que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Definitivamente, esto NO es así en casi ningún ámbito de la vida, y te aseguro que NO es así en una reforma.

Frases típicas que escucho en este sentido:

  • “Ah, esto es una pavada, viene fulano y lo resuelve en un ratito”
  • “Bueno pero, ¿cuánto me pueden cobrar por pintar este departamentito”?”
  • “Un mes para esta cocina, nos sobra”
  • “No, de eso nos ocupamos nosotros, no es tan difícil”
  • “Yo me arreglo con los tiempos, total trabajo acá nomás”
  • “Yo tengo un albañil que hace de todo”
  • “Yo sólo necesito un “dibujito”

Y así podría seguir, y seguir, y seguir…


Creer que las cosas son fáciles, rápidas y baratas, sólo te va a llevar a frustraciones, decisiones equivocadas, malas planificaciones, malas inversiones y, por consiguiente, a un mal resultado. Ser realista en el dimensionamiento de los tiempos, la complejidad de cada tarea, los presupuestos, la coordinación, la administración, la supervisión, la toma de decisiones, la importancia de un proyecto, es lo que va a garantizarte que puedas llegar al resultado deseado en tiempo y forma.


La contrapartida de subestimar, sería sobredimensionar todo, desconfiar de todo, dudar de todo. Eso tampoco es sano en una obra, y podría enumerarlo como un error más, pero lo voy a dejar como la otra cara de la misma moneda. Además, creo que son más graves las consecuencias de subestimar que de sobrestimar, porque pueden hacer que rápidamente te sobrepase el desborde y que tu proyecto se quede a mitad de camino. En el otro caso, si bien en exceso, al menos estamos del lado de la seguridad. Igualmente creo que siempre, lo más acertado, es analizar las variables lo más cercanamente posible a su verdadera magnitud.

3) No contratar especialistas

Tal vez esto tenga que ver con el error anterior, y tenga su origen en la subestimación que a veces se hace de determinadas tares, o de determinados roles dentro de una obra. Para analizarlo mejor, vamos a dividir a los especialistas en dos grandes grupos.

Uno son los gremios de obra. Creer que cualquiera puede hacer cualquier cosa o que una misma persona puede resolver bien la albañilería, la plomería, la electricidad, la pintura y de paso hacer las barandas de hierro es definitivamente uno de los errores más costosos en los que podemos caer en una reforma. El “se da maña” hay que erradicarlo por completo.  Nadie puede hacer bien todo. Y nadie tiene tiempo para hacer todo eso junto. En este mundo, que cada vez está más especializado, es un error enorme pensar que una misma persona puede saber lo suficiente de cada rubro como para hacerlo bien y a tiempo.

A nadie se le ocurriría ir al oculista si le duele la rodilla. Bueno, en una obra paso lo mismo. No recurras a un albañil para hacer la electricidad de tu casa. Recurrí a cada especialista para cada rubro de tareas. Además, lo que en un principio puede parecerte más barato, lo vas a terminar pagando a la larga, y tal vez de maneras más costosas, no sólo en plata sino también en tiempos, disgustos y complicaciones.

Y por otro lado, está el rol de los profesionales a cargo del proyecto, la dirección y la coordinación de los trabajos. Es decir, el arquitecto/a (también podría ser el ingeniero/a, o el/la maestro/a mayor de obras, pero acá lo voy sintetizar en la figura del arquitecto/a).

Es muy común tender a pensar que una reforma, una remodelación, o una ampliación, son “obras menores” (otra vez aparece la subestimación…), y que entonces no es necesario recurrir a un arquitecto que desarrolle un proyecto (“alcanza con un “dibujito””), ni que haga una dirección de obra (“No, de eso nos ocupamos nosotros, no es tan difícil”), ni que coordine a los distintos gremios y proveedores.

Nada más equivocado que ese razonamiento. Tener a un profesional experto como tu mejor aliado para proyectar, supervisar y coordinar las tareas de una obra, es la mejor herramienta con la que podés contar para que la experiencia de tu reforma no sea tan estresante y los resultados sean superadores incluso de tus expectativas.


No hay nada como un buen equipo de especialistas, dirigidos por un experto para llevar a cabo un trabajo en equipo. Y una obra es eso: un gran trabajo en equipo en donde cada tarea tiene que estar alineada hacia un objetivo en común. Cada especialista va a poner sus conocimientos y habilidades al servicio del proyecto general, comandado por un profesional que va a coordinarlos y supervisarlos. Eso optimiza todo: los tiempos, los costos y los resultados.


Retomo esta frase:

Emprender una reforma puede ser un proyecto tan hermoso como estresante. Por eso, mi recomendación es que definas muy bien cuáles son los defectos o problemas a solucionar, que dimensiones de manera realista los tiempos, los costos y los trabajos y que, definitivamente, contrates especialistas para cada  tarea.

Espero que este artículo te haya sido útil y, si tenés ganas, te invito a que me dejes tus comentarios, dudas o consultas a través del formulario más abajo.

¡Hasta la próxima!

Guía de 20 pasos para planear tu casa ideal

Se termina el año y es el momento en que, más o menos conscientemente, nos ponemos a hacer un balance de lo que pasó en nuestra vida el año que se va, y a pensar en las cosas que queremos que pasen el año que empieza. Y esta es la parte que me encanta: ¡PROYECTAR! 

¿Y qué mejor que pensar en nuestra casa, en nuestro hogar, como uno de los principales proyectos? Ese lugar donde nos levantamos cada mañana y nos acostamos cada noche. Ese lugar al que llegamos después de un día agotador de trabajo, donde nos juntamos con nuestras familias y amigos, donde cocinamos, escuchamos música, nos damos una ducha reparadora, nos tiramos a ver una película, donde vemos a nuestros hijos jugar, estudiar, crecer.

Nuestra casa es el lugar más PROPIO que tenemos y por lo tanto es de vital importancia CÓMO es ese lugar. ¿Es funcional para mi estilo de vida? ¿Se adapta a la cantidad de personas? ¿Me identifica? ¿Refleja quine soy? ¿Puedo hacer ahí todo lo que más me gusta?

Seguramente, más de una vez, te rondó por la cabeza la idea de renovar tu casa. Siempre hay algo que quisiéramos hacer más funcional, más lindo, más luminoso, más cómodo. Y mirás las casas de las revistas de decoración, ó ves alguno de esos programas de la tele en donde reforman todo, y seguro te ilusionás con la posibilidad de que tu casa que quede como esas, que las ves tan personales y hermosas y radiantes.

Hoy, inspirada en este fin de ciclo, quiero invitarte a que te preguntes: ¿Y POR QUÉ NO? Es ideal aprovechar esta época del año para darle forma a la idea de convertir tu casa en esa casa con la que soñás, y TRANSFORMR ese SUEÑO en un PROYECTO para el año próximo ¿Cómo? Te ayudo. Para eso preparé esta GUIA de 20 PREGUNTAS que estaría buenísimo que contestes como si fuera un juego. ¡Qué te diviertas!

1- ¿Cómo creés que sería la casa de tus sueños?

Te propongo que hagas una descripción en palabras y acompañada de fotos, de cómo sería la casa ideal para vos, esa que te encantaría tener. Hacela lo más detallada posible, porque a medida que profundizamos en los detalles, vamos profundizando en las ideas y logramos nombrar cosas que en la primera respuesta no aparecen. Si te animás, podés hacer una especie de collage recortando y pegando fotos y palabras sueltas que representen lo que para vos sería esa casa ideal.

Esto lo vas a guardar y después vas a empezar el resto de las preguntas.

2 – ¿Cómo es tu casa hoy? ¿Qué tenés?

Esto es algo que solemos pasar por alto a la hora de pensar en nuestra casa. No es muy común preguntarse o tomarse un minuto para describir lo que hay. Porque más allá de que quieras hacer cambios, es importante saber que los cambios se harán sobre lo que hay y, de lo que hay, seguramente te gusten muchas cosas, entonces lo primero es tratar de describir lo que tenés.

Quizá lo más fácil sea empezar por las cosas más cuantitativas, tipo: tengo una (casa, ph, departamento), de X m2, X plantas, con X dormitorios, X living, X baños, cocina, y así ambiente por ambiente. Después podés seguir con descripciones más cualitativas: colores, materiales, entradas de luz, entradas de aire, paredes, pisos, techos, estilo, etc. Tratá de describir tu casa lo más OBJETIVAMENTE posible y no hacer valoraciones por ahora, ya llegaremos ahí.

3 – ¿Quiénes habitan la casa? ¿Cómo son? ¿Qué hacen?

Parece una obviedad tener que decir quién ó quiénes son los que habitan la casa, pero no pasemos por alto esta pregunta, y no la dejen en la superficie. No se trata sólo de enumerar a los habitantes sino de hacer una breve descripción de cada uno. Son importantes aquellos rasgos distintivos y predominantes de la personalidad de cada uno. También es muy importante escribir qué hace cada uno: a qué se dedica, si trabaja, estudia, qué donde, de qué, qué otras cosas le gusta hacer, deportes, artes, colecciones, cualquier tipo de actividades de interés.

4 – ¿Cómo es la vida en la casa?

Acá vamos a hablar de cómo es “la rutina” de la casa. No me refiero a “rutina” necesariamente como algo repetitivo, monótono y aburrido, sino al modo en que es habitada tu casa. Cómo son los horarios de cada uno, si coinciden o no, si comen ahí o no, si alguien trabaja en casa, como es esa dinámica. Te recomiendo pensar habitante por habitante y luego las rutinas más colectivas. Si los días de la semana son más o menos iguales, podés pensar e ir anotando las cosas que van sucediendo desde que se levantan hasta que se van a dormir. Si, en cambio, los días son diferentes tratá de buscar las cosas que se repiten y después ir destacando las que cambian.

Y ahora sí, vamos a empezar a PONDERAR si lo que tenemos se ajusta a nuestra personalidad, dinámica, estilo de vida, etc. Y para eso te propongo hacerte estas otras preguntas:

5 – ¿Te gusta cómo es la vida en tu casa? ¿Qué cosas sí y qué cosas no?

Pensá en esa “rutina”, hábitos, costumbres, etc. y pensá si verdaderamente te gustan cómo son. Muchas veces hacemos cosas por costumbre pero no nos gusta del todo vivir así. Por ejemplo: llego a mi casa y enciendo la tele, pero en realidad eso hace que escuche mucha menos música, que me encanta.

6 – ¿Qué cosas TE ENCANTAN de cómo es tu casa hoy?

De las cosas que sí tiene tu casa hoy, seguramente hay algunas que te encantan, son esas que te hacen querer renovarla en vez de mudarte, esas que extrañarías si te mudaras, o esas que te costaría mucho encontrar en otra casa.

7 – ¿Qué cosas NO te gustan de cómo es tu casa?

Pensá y escribí todas aquellas cosas que le quisieras cambiar. No importa si creés que son imposibles, no censures eso ahora. Por ejemplo, si vivís en un departamento sin balcón, ni patio ni nada, probablemente pienses que es imposible lograr tener una expansión, pero anotalo igual, porque es importante conectarte con ese deseo, y a veces, con creatividad y apertura,  se le puede dar forma de alguna otra manera.

8 – ¿Se ajusta tu casa a la rutina de vida que tenés? ¿En qué sí y en qué no?

Acá pensá si tu estilo de vida, tus costumbres, tus hábitos, tus actividades (y las de todos los habitantes) pueden ser desarrolladas con comodidad y sin conflicto. En los casos de qué si, mencionalo y en los casos en que no, pensá por qué no, qué lo impide o lo dificulta.

9 – Esa rutina, ¿podría mejorar si cambiara en algo la casa? ¿En qué?

Acá pensá cómo podría mejorar la rutina si hicieran algún cambio en la casa y cual sería ese cambio. No necesariamente tiene que ser un cambio estructural, ni gigante. A veces son pequeñas cosas las que ayudan a la forma de habitar tus espacios y lo facilitan. Por ejemplo: si pusiera un espejo grande en el hall de entrada podría verme a la mañana sin despertar a mi marido que se levanta más tarde.

10 – ¿Creés que hay algo de cómo habitás tu casa que es así por cómo es la casa y no porque vos querés que sea así?

Parecen las mismas preguntas pero no lo son. Es como mirar una misma cosa desde distintos ángulos. Acá lo pensamos al revés: las cosas de tu casa que condicionan tu forma de vivirla.

Un ejemplo de esto sería: los chicos juegan en el living porque en el dormitorio no tienen lugar, pero vos en realidad quisieras que jueguen en el dormitorio pero está mal aprovechado, o diseñado.

11 – ¿Hay espacio para que hagas lo que te gusta?

 Por ejemplo: si te gusta cocinar, ¿hay espacio en la cocina para cocinar cómodo? Si te gusta andar en bici, ¿hay lugar donde guardar la bici? Pensá en las cosas que te gusta hacer a vos (y a los que habiten la casa) y si la casa admite que se hagan esas cosas que te gustan.

12 – ¿Hay alguna actividad que te gustaría hacer en tu casa que hoy no estás haciendo porque “no tenés el lugar”?

Puede ser cualquier cosa, desde sentarte a leer un libro hasta trabajar en casa. Pensá en cualquier cosa sin filtrar nada, aunque te parezca tonto o disparatado.

13 – ¿Ves tu personalidad (y/o la de quienes la habitan) reflejada en tu casa? ¿En qué sí ó por qué no?

Acá pensá en los colores, en la luz, en el aire, en la calidez o no, en los serio, en lo divertido, en lo sobrio, en lo llamativo. Pensá si los espacios de tu casa se condicen con cómo sos vos y los tuyos, en qué sí y en qué no.

Ahora te pido que vuelvas a ver la descripción de la casa de tus sueños y te preguntes:

14 – ¿Qué cosas NO tiene tu casa respecto a esa casa que describiste como la casa de tus sueños?

Fijate qué cosas nombraste o expresaste e imágenes en esa primera pregunta y que tu casa hoy no tiene. Puden ser cosas concretas, tipo: un patio, un dormitorio más, un baño más cómodo… O también pueden ser cosas más subjetivas: no es tan cálida, no tiene un criterio de diseño, los colores son más aburridos, etc.

15 – ¿Qué cosas SÍ tiene tu casa respecto a esa casa que describiste como la casa de tus sueños?

Seguro hay cosas que tu casa YA TIENE de esa casa con la que vos soñás. Bueno, nombralas. Es muy reconfortante saber que hay cosas que ya las lograste, que ya las tenés, que sólo se trata de seguir avanzando hacia esa casa con la que soñás.

16 – ¿En que se condice esa casa que describiste como la casa de tus sueños con tu estilo de vida y tu personalidad (y/o la de sus habitantes)?

Se trata de confirmar (¡o no!) si lo que describiste como la casa de tus sueños en verdad se ajusta a tus necesidades y deseos. Porque es MUY común, soñar con cosas que en realidad no tienen nada que ver con nuestra verdadera esencia. A veces nos dejamos llevar por cosas que vemos y nos deslumbran pero que no se ajustan a nuestra realidad. Seguramente te pasó alguna vez de probarte un vestido que te encantó en la vidriera pero que cuando te lo pusiste no tenía nada que ver con vos. Bueno, con las casas puede pasar algo parecido. ¡La diferencia es que no las podemos probar en un probador! Entonces mejor tomarnos el tiempo y el trabajo de pensar VERDADERAMENTE qué queremos y qué necesitamos.

17 – ¿En qué NO se condice?

Vale todo lo mismo que arriba pero por la negativa. En qué cosas tu casa ideal no sería tan ideal verdaderamente.

18 – ¿Harías algún cambio a esa descripción ahora que definiste mejor cómo es tu vida y cómo sos vos?

Llegó el momento de repensar esa casa ideal que armaste en le pregunta 1. ¡Puede ser que siga siendo igual! Pero también puede ser que en algo haya cambiado… Si es este el caso, te invito a redefinir o ajustar esa casa que te encantaría tener.

19 – ¿Qué creés que podría hacerse en tu casa para acercarse a esa casa soñada?

Ahora pensá concreta y realistamente, qué cambios podrías hacer en tu casa para acercarla a esa casa que te encanta, esa de las fotos, esa que te enamora y te entusiasma, esa que te haría vivir mejor, disfrutar más de tus cosas, de tus actividades, de tus descansos…

20 – ¡Y por último! ¿Qué proyectás para tu casa en este nuevo año que empieza?

Espero que esta guía te haya servido de INSPIRACIÓN para poner en tu lista de proyectos para el 2018 las renovaciones que quieras hacer en tu casa. No te olvides que tu casa es el CORAZON de tu vida. Cuanto más PERSONAL sea, cuanto más se parezca a vos y los tuyos, cuánto mejor se adapte a tu ESTILO DE VIDA, cuanto mejor refleje la ESENCIA de tu vida, entonces más vas a disfrutar, más placer te va a dar llegar a casa, mejor vas a descansar, más cosas que te gustan vas a hacer y, en definitiva, más “vos” te vas a sentir.

Te deseo un excelente 2018. Que puedas dejar ir las cosas malas del 2017, que las buenas se te multipliquen y que SIEMPRE, pero SIEMPRE, tengas un PROYECTO POR EL QUE LUCHAR.

Un clásico.

Quizá compraste una casa antigua, o vivís en la misma desde años, y el baño y la cocina son siempre los ambientes que más se quedan en el tiempo. Y a su vez los más difíciles y costosos de modernizar.

Pero ¿por qué?

Las respuestas son múltiples:

  1. En principio porque en un baño y una cocina intervienen casi todos los gremios de obra: albañil, plomero, colocador, pintor, electricista, carpintero y, quizás, yesero. Toda esta gente conviviendo en un espacio por lo general bastante reducido, con tiempos acotados y con tareas que se encadenan unas con otras. Es fundamental una buena coordinación.
  2. Por otra parte, son ambientes en donde hay muchas decisiones que tomar. Cuestiones estéticas, como la combinación de revestimientos, colores, texturas, artefactos y griferías; cuestiones funcionales, como la optimización de espacios y medidas adecuadas; y cuestiones técnicas como la elección de los sistemas sanitarios, la iluminación o la calidad de los productos en costo-beneficio. Para todo esto lo ideal es contar con el asesoramiento de un profesional.
  3. Por último, pero no menos importante, está el tema de los costos. Los locales sanitarios son los que tienen más incidencia en el costo del m2 de construcción y esto es, justamente, por la cantidad de gremios y materiales necesarios para resolverlos. Por eso resulta imprescindible asesorarse en qué cosas se puede economizar y en qué cosas no. Hay ahorros que a la larga se terminan pagando carísimos.

Ahora bien. ¿No tengo más remedio que hacer cirugía mayor y arrasar con todo lo que tengo en el baño y en la cocina y hacerlo de nuevo? No necesariamente. Se puede evaluar simplemente hacer un “cambio de look”, o buscar la manera de reutilizar cosas existentes, ya sea reciclando o adaptándolas al nuevo diseño. Lo importante en estos casos es saberlo de antemano para evitar que queden desintegrados o terminen malogrando el resultado final.

Por último, me quiero detener en un tema que siempre, en cualquier proyecto de arquitectura que se emprenda, es fundamental: la definición del rumbo a seguir, un concepto (no quiero usar la palabra “estilo” porque no se trata de eso solamente, se trata de tener una idea de lo queremos lograr en ese espacio).

Un error muy común es empezar a ver revistas y sentir que uno quiere todos los baños y todas las cocinas que ve fotografiadas: la moderna, la rústica, la nórdica, la colonial, la de acero, la de madera, la de mármol… Pero la realidad es que uno tiene que optar por un solo camino. A veces es desolador, porque esto obliga a dejar afuera todos los demás, pero la buena noticia es que eso nos va a garantizar que el proyecto tenga una IDENTIDAD, una ESENCIA, y que no termine siendo un collage producto de la sumatoria de pequeñas decisiones que nada tienen que ver unas con otras.

Finalmente, y como siempre te digo, no dejes de asesorarte.

Animate a vivir tus espacios como querés.

Arq. Andrea Longo

¿Cuántas veces fantaseamos con remodelar la casa?

Desde modernizar baños y cocina, cambiar los pisos, hasta ganar un ambiente, un quincho, hacer un entrepiso, una sala de juegos… Y muchas veces lo dejamos en eso: un sueño, una fantasía. Porque parece abrumador de sólo pensarlo. Pero es bueno saber que no todo es tan difícil o tan costoso como parece. El secreto es cómo dar en el blanco para lograr el objetivo optimizando recursos.

Lo primero es hacer un buen diagnóstico. Parece una tontería pero es gran parte del éxito de una reforma. Solemos partir de premisas equivocadas porque pensamos directamente en las soluciones en vez de detenernos a entender cuál es verdaderamente el problema. Es muy común en las primeras entrevistas, escuchar cosas de este estilo: “yo quisiera poner una pared acá y cerrar con una puerta así”. Eso en realidad es una solución a un problema que no está siendo explicitado. Pero si logramos nombrarlo, se nos abrirá un mundo de posibilidades y quizá alguna idea sea más eficiente que “la pared acá y la puerta así”.

Una vez identificado el problema, sí es el momento de dar soluciones. Surgirán diversas alternativas, que podremos evaluar en calidad, costos, tiempos, etc. De esa evaluación surgirá el anteproyecto, que viene a ser algo así como el camino a seguir. Tenemos una idea, sabemos cómo la vamos a materializar, tenemos una estimación de cuánto nos va a salir y el tiempo aproximado que va a durar la obra.

Entonces es el momento de empezar a definir todas esas aproximaciones y convertirlas en un proyecto: dibujar todo lo que haya que dibujar, elegir las terminaciones definitivas (pisos, revestimientos, colores, telas, etc.), definir las cuestiones técnicas, obtener los presupuestos reales y hacer un cronograma de obra y de pagos.

Un tema clave en esta etapa es la elección de los gremios y proveedores idóneos para la ejecución de cada uno de los trabajos. La falta de experiencia en determinadas tareas específicas y de planificación, se traducen irremediablemente en errores evitables (estéticos, técnicos y temporales) y todo esto termina redundando en una mala inversión del dinero. Nadie es experto en todo. En una obra, así como en casi todas las disciplinas, es fundamental el aporte de cada especialista.

Y por supuesto, en este mismo sentido, siempre es aconsejable emprender cualquier obra, por menor que parezca, de la mano de un profesional especializado, que sabrá dar soluciones más integrales, cuidando de cada uno de los aspectos a considerar.

Ya no tenés excusas. No dejes que esa reforma que pensaste tantas veces quede en el cajón de los recuerdos. Pedí una consulta, asesorate, y animate a vivir tus espacios como siempre soñaste. Seguro hay alguna solución al alcance de tu mano.

Arq. Andrea Longo