Una casa es mucho más que sus paredes, pisos, techos y ventanas. De hecho, cuando terminamos de construir nuestra casa (departamento, PH, lo que sea), o nos entregan la llave de la que acabamos de comprar, no es más que una especie de “caja”, que podrá tener más o menos gracia propia, pero que en realidad no es nada sin todo lo que vamos a llevar con nosotros para poder habitarla. Y estas son las dos grandes palabras en las que me quiero detener: HABITAR y NOSOTROS.


Habitar tu casa no es sólo estar bajo un techo, abrigada, tener un lugar para dormir, un lugar para cocinar, y un lugar para cada una de las cosas que tenemos que hacer. Habitar es una EXPERIENCIA muchísimo más profunda que eso. Porque habitar tiene que ver con las EMOCIONES.


Y es justamente ese el motivo por el cual, es muy importante la otra palabra: NOSOTROS. Porque esa experiencia no es universal. Cada uno de nosotros es capaz de experimentar sensaciones radicalmente opuestas ante un mismo estímulo. Hay quienes vibran ante los colores intensos y en cambio hay otros que se abruman. Hay quienes se sienten libres ante una gran superficie vidriada y en cambio hay otros que sienten vértigo. Porque somos diversos. Hay tantas experiencias posibles como habitantes en el mundo.

Por eso la vital importancia de diseñar nuestros espacios, nuestros ambientes: para apropiarnos de ellos, para que resulten fáciles de ser habitados, para que se ajusten a nuestras necesidades, a nuestros deseos, a nuestros gustos y por qué no a nuestros caprichos. Para que podamos habitar nuestra casa permitiéndonos la experiencia más significativa para nosotros.

Y para lograr que eso suceda, hay tres cosas primordiales a considerar a la hora de pensar nuestros espacios:

1- La personalidad de sus habitantes

2- La personalidad de la casa misma

3- La personalidad del entorno

A las personas es relativamente fácil decodificarlas. Porque las personas podemos hablar, decir, preguntar, pedir cosas, mostrar fotos, colores. Podemos expresarnos. Decir sí y no, poner caras, mostrar nuestras emociones. (aunque más de una vez lo que decimos no se condice necesariamente con lo que más deseamos, pero eso dejémoslo para los psicoanalistas…).Y es desde ahí entonces que podemos delinear la personalidad de cada uno.

A las casas, en cambio, hay que interpretarlas, para poder conocer cómo son. Porque las casas siempre tienen personalidad propia, siempre “dicen” algo. De movida, no es lo mismo una casa en un country, que un PH urbano, o un departamento en el piso 25. Y aún dentro de esos grupos, cada vivienda va a tener cosas para decirnos, que los diseñadores tendremos que saber “escuchar”. No es lo mismo una casa de techos altos con puertas de madera antiguas, que una casa con barandas de vidrio y acero inoxidable, por ejemplo. Entonces es muy necesario tomarse un momento para percibir lo que la casa “trae”, lo que está en su ESENCIA, en su naturaleza.

Y en cuanto al entorno, definitivamente va a aportar su personalidad (su fuerte personalidad en todos los casos) a esa experiencia de habitar nuestros espacios. No es lo mismo estar en Santa Fe y Callao en la Ciudad de Buenos Aires, que frente a un lago en la Patagonia, o frente al mar, o en el Delta. Es distinta la vista, es distinto el sonido, es distinto el clima, el olor, la luz, la perspectiva… Y voy más allá: no es lo mismo la esquina de Santa Fe y Callao que la de Corrientes y 9 de Julio, por poner dos puntos bien urbanos dentro de la misma ciudad. Habrá más cosas en común, por supuesto, pero aún así cada uno tiene sus particularidades. El entorno es, sin dudas, un condicionante fundamental a la hora de diseñar nuestros espacios.

Y estas tres cosas, están muuuuy, pero muy, entrelazadas entre sí.

Por un lado, el hecho de que hayas elegido vivir en Buenos Aires o en el Delta, ya dice muchíiiisimo de vos. En esa decisión ya estás poniendo en juego una buena parte de TU personalidad. Lo mismo ocurre con la decisión de vivir en una casa suburbana, o un PH en un barrio porteño, o en un edificio en torre en Belgrano. Eso también cuenta cosas acerca de lo que vos querés, de tu estilo de vida, de tus intereses y de tus necesidades.

Por otro lado, también las casas y los entornos están estrechamente ligados y se condicionan. El clima, el espacio disponible, los materiales locales, la disponibilidad de transporte y mano de obra, entre otras cosas, hacen que la arquitectura tome algunas expresiones particulares según los distintos contextos. Es inevitable pensar en ciertas tipologías y no asociarlas con determinados paisajes. Pienso en la casa alpina, la cabaña de troncos, las torres vidriadas, las casas de madera… Y esas tipologías no son caprichosas. Siempre tienen una razón de ser que las vincula directamente con el lugar en donde se originaron. A veces suelen traspolarse a otros lugares, que poco tienen que ver con los originales, y ahí es donde todo empieza a hacerse un poco más… ¿impostado?.


Como verán, no hemos hablado de telas, ni de muebles, ni de maderas, ni de luces y, sin embargo, hemos estado hablando todo el tiempo de INTERIORISMO. Porque este hermoso juego es lo que hacemos los diseñadores de interiores. Te escuchamos a vos, te decodificamos, nos empapamos del entorno, lo respetamos, hacemos hablar a tu casa, la interpretamos, y al fin, con toda esa información, la TRANSFORMAMOS.


A través de las proporciones, los colores, las luces, las texturas y las formas, le damos vida a esa “caja” para lograr ambientes especiales para que vos (y los tuyos) experimenten cada día las emociones más propias, y más bellas, al habitar esos espacios. Ese es el gran sentido del diseño interior.

¡Hasta la próxima!

Diseñar el interior de una casa es, para mí, lograr fusionar la esencia de la casa misma, con la personalidad de sus habitantes. Definitivamente, no concibo un espacio en donde no estén puestas en juego estas dos cosas.

Por un lado, la casa habla por sí sola, claro. No es lo mismo, por ejemplo, un departamento a estrenar que un PH antiguo reciclado, o que una casa en la playa, o una en un barrio cerrado del conurbano. La casa, y también el entorno, por supuesto, ponen ciertos condicionantes que tendremos que tomar como premisas para nuestro diseño. Puede tratarse de un departamento súper moderno o de una casa centenaria. Puede ser de ambientes pequeños o, al revés, de espacios amplios e integrados. ¿Tiene techos bajos? ¿Tiene dobles alturas? Los materiales pueden ser cálidos, o fríos, o rústicos, o minimalistas. ¿Tiene buena luz natural? ¿Tiene lindas vistas? En fin, hay una cantidad enoooorme de cosas que debemos “preguntarle” a la casa.

Y la otra parte fundamental e indispensable de la cuestión son las personas, o sea: VOS, ni más ni menos que vos y  LOS TUYOS. A mi modo de ver las cosas, es imposible diseñar el interior de tu casa, sin sacar a relucir cómo sos, cómo vivís, qué te gusta, qué no te gusta, con quiénes vivís, o con quiénes pensás vivir en el futuro, qué disfrutás, que deseás y, cómo digo siempre, hasta cuáles son tus caprichos. Porque tu casa tiene que ser el reflejo de todas esas cosas. De eso hablamos cuando hablamos de darle personalidad a tu casa.

Seguramente, al decidir comprar una casa en un country, o un departamento a estrenar, o un PH reciclado, ya hayas puesto en juego muchíiiiiiisimo de todo eso que sos y te define. Con el diseño interior, lo que tenés que lograr es terminar de “habitarla”. Amo este término: HABITAR. Porque es mucho más que vivir en un lugar. Habitar es apropiarse de los espacios con todo lo que vos sos ó querés ser (porque el buen diseño interior también nos modifica a nosotros, nos hace ser más auténticos y nos ayuda a vivir la vida más en sintonía con nuestro deseo, pero esto lo dejo para otro artículo).  Habitar es sacar lo más verdadero, desde tu propio interior, y proyectarlo hacia el interior de tu hogar.

Es un trabajo desde adentro hacia afuera.

Es un trabajo desde la esencia.

En este artículo, quiero hablarte de los tres recursos básicos e indispensables que tenemos para conseguir que tus interiores tengan esa personalidad que los hará únicos e irrepetibles, como vos. Por supuesto, lo primero que tenés que definir es qué querés logar. Y eso, sólo vas a saberlo haciendo ese trabajo de introspección. (Te dejo acá en este link un artículo que escribí para fin de año que te puede ayudar a saber lo que querés: https://renovatusespacios.com.ar/guia-de-20-pasos-para-planear-tu-casa-ideal)

Ahora sí, ¡hablemos de los tres recursos!

1. El color

¡¡Hermoso recurso!! Y cuántas posibilidades nos da. Acá quiero aclarar que hablar de color no quiere decir que tus ambientes tengan que ser todos coloridos y vibrantes. Quiere decir que, aún cuando te decidas por una paleta monocromática, vas a tener que definir cómo son esos tonos neutros. Decir “quiero todo blanco” es también una decisión de color.

Dicho esto, hablemos del color.

El color nos da infinitas posibilidades para comunicar cosas. Una paleta más bien neutra, por ejemplo, nos dará una sensación de calma y nos dará también ambientes más clásicos y sobrios. Si esa paleta es de tonos claros, además nos aportará luminosidad. En cambio los tonos más oscuros nos van a sumar un poco de dramatismo y de intensidad y, probablemente, también ambientes más cálidos.

Si en cambio optamos por una paleta más colorida, tendremos que pensar si vamos a querer colores vibrantes o más pasteles. Si vamos a combinar más de un color en cada ambiente, o vamos a elegir uno solo para combinar con neutros. Y entonces tendremos que pensar cuál o cuáles van a ser esos colores.

Tenemos los colores más fríos como el azul, el verde y el violeta, o los más cálidos como el rojo, el amarillo y el naranja. Y si vamos a combinar colores, una buena opción bien contrastante es usar los complementarios (violeta-amarillo, rojo-verde, azul-naranja). Pueden dar resultados muuuy interesantes ¡pero hay que saber aplicarlos! Vamos a obtener espacios muy enérgicos, lúdicos y osados. Otra opción es usar una paleta más progresiva, es decir, tomar un color, pongamos el azul, y trabajar con varios tonos de azules que podrán ir virando hacia los celestes o turquesas y, hacia el otro lado, subir hasta los grises o negros. En este caso obtendremos espacios más homogéneos, más tranquilos y posiblemente más elegantes.

Los colores son infinitos, las combinaciones también y los recursos de cómo aplicarlos o combinarlos son múltiples. Con cada decisión que tomes respecto del color, vas a comunicar cosas diferentes. Entonces es MUY importante que pienses qué querés sentir en tu casa y cómo vas a trasladar tu personalidad a tus espacios a través del color.

Acá te dejo algunos ejemplos de paletas de color bien diferentes.

Son sólo ejemplos. ¡A definir la tuya!

 

2. La textura

Cuando hablamos de texturas, hablamos necesariamente de los materiales. La textura está asociada al sentido del tacto, pero también la vista percibe diferentes cosas a través de las diferentes materialidades.

No tenemos la misma sensación si vemos una madera que si vemos una pieza de acero inoxidable. Tampoco si las tocamos. La madera es cálida a la vista y al tacto. En cambio el acero es frío para ambos sentidos. En general, lo que se percibe con la vista se percibe también al tocar una textura o material.

Una vez más, lo que tenés que decidir es qué querés que “diga” tu casa a través de los materiales y sus posibles combinaciones. Si querés lograr un ambiente muy natural, probablemente elijas materiales que vengan de la naturaleza, como la madera, los tejidos, las cañas, las piedras. En cambio si querés un ambiente más moderno, elegirás materiales más industriales como el acero, el vidrio, las telas sintéticas, los plásticos.

En general las superficies más lisas y reflectivas, como los espejos, los mármoles, los cromados, los porcelanatos pulidos, las sedas, tienden a materializar ambientes más fríos. En cambio, las superficies más rugosas y absorventes como las maderas, las piedras, los linos, las panas, las alfombras, tienden a hacer mucho más cálidos los espacios.

Hacer una buena paleta de materiales es fundamental para definir un concepto sólido para el diseño interior de tu casa. Por supuesto, la paleta de materiales va de la mano de la paleta de color. No pueden pensarse de forma independiente, aunque acá por motivos didácticos las estemos definiendo por separado.

Claro que las texturas se pueden combinar, y en general vamos a obtener resultados muy interesantes cuando lo hacemos. Por ejemplo, si en un espacio donde predominan las maderas y los tejidos, incorporamos algún elemento estratégico metalizado (un cromado por ejemplo), vamos a generar una tensión y un contraste que, si está hecho con arte, va a dar un efecto mucho más rico que si nunca se altera la regla.

Acá te dejo, a modo de ejemplo, dos paletas de materiales con diferente estilo.

3. La luz

¡Luz, divina maravilla! ¿Qué sería de todo esto sin la luz? NADA, sencillamente nada.

La luz es EL recurso por excelencia en la arquitectura interior. Te sorprenderías al ver cómo sólo cambiando la iluminación de tu casa, podés lograr transformaciones tan significativas.

Tenemos, por un lado, la GRAN fuente de luz natural que es EL SOL. En la arquitectura, la luz del sol es una herramienta clave en muchos sentidos. En lo que al diseño interior respecta, tenemos que saber, por empezar, cómo está orientado cada ambiente de tu casa. No es lo mismo un ventanal orientado al sur, que no va a recibir un solo rayo de sol (en el hemisferio sur, claro), y por lo tanto la luz del día va a ser más blanca y más fría, que un ventanal orientado al oeste, que va a recibir todo el sol de tarde, tornando el espacio mucho más anaranjado o amarillento, y que además va a requerir de buenos elementos para filtrar esos rayos potentes de sol rasante (cortinas, persianas, parasoles).

Sabemos que el color no existe sin la luz. Por lo tanto, sabemos también que los diferentes tipos e intensidades de luz van a generar cambios MUY significativos en la percepción del color. Por ejemplo: si una pared beige está bañada por la suave luz del sur, ese beige se va a hacer más pálido, se va a hacer más frío. Si en cambio esa misma pared recibe el sol del oeste, va a tener tendencia a virar hacia el amarillo.

(Acá una recomendación fundamental que viene al caso: si vas a pintar tu casa, elegí siempre el color de tus paredes haciendo una prueba en el ambiente donde lo vas a aplicar y mirándola en varios momentos del día antes de comprar la cantidad necesaria).

Pero también tenemos la luz artificial, que nos va alumbrar durante la noche, o bien nos va a ayudar a iluminar los ambientes que no tienen buena luz natural durante el día. Este tema merece un artículo aparte (y ya lo haré…) pero por ahora van algunas consideraciones generales.

En mi opinión, la premisa básica para la luz artificial es que sea VERSÁTIL. Es decir: tener posibilidades de jugar con los efectos de luz. Soy muy detractora de la idea de que la luz es sólo para iluminar. La luz viste. La luz puede transmitir calidez, o calma, o alegría, o sosiego, o melancolía, o sensualidad, o… La clave es tener previstas las posibles combinaciones de las luces de tu casa para que puedan acompañar los distintos climas.

Si tenés una reunión de amigos, es probable que necesites una luz vibrante, que acompañe un espíritu más festivo. Si en cambio estás leyendo un libro, tal vez quieras una luz más focalizada, que te de una atmósfera de mayor intimidad. Si estás cocinando, seguro necesites una luz más intensa. En cambio, cuando la cocina no está en uso, quizás sea más acogedora sólo la luz cálida del bajo alacena Entonces, una buena idea es pensar qué tipo de situaciones vas a querer lograr y elegir distintas luces que se puedan ir encendiendo o apagando para lograr esos climas diversos.

También pensar si esas luces van a ser cálidas, o frías o neutras, y cómo se van a complementar. Si van a ser directas, indirectas, direccionales, envolventes… Si vas a usar luces de techo, de pared, de mesa, de pie. Si los artefactos van a ser piezas decorativas y cuáles, y cuáles otras van a ser de embutir, para pasar más desapercibidas.

Otra cosa que hay que saber es cuánta luz es adecuada para cada ambiente. Y acá también entramos en el gran “depende”, porque todo puede cambiar de acuerdo a lo que quieras lograr.

La luz es un tema central en el diseño de interiores. Te dejo acá algunas imágenes de situaciones de luz natural y artificial que ejemplifican estos conceptos.

La síntesis entre estos tres elementos, es lo que va a terminar definiendo la personalidad de tu casa.

Hay muchísimas posibilidades y muchísimas combinaciones. Se trata de usar la creatividad y de ser valiente para animarse a tomar decisiones atrevidas. Tu casa es tu nido, tu refugio. Tu casa es el lugar donde más a gusto tenés que estar. Es tu pequeño mundo. Animate a ponerle vida para que sea el reflejo de tu propio color y de tu propia luz interior.

¡Hasta la próxima!

Si estás leyendo este artículo, tal vez sea porque estás pensando, o fantaseando, con remodelar tu casa. Y probablemente se te crucen por la cabeza miles de razones que te desalientan: el lío de una obra, cómo voy a hacer, los obreros, la suciedad, el tiempo, los costos, por dónde empezar, a quién recurrir, qué me conviene hacer, ¿y si meto la pata? ¿por dónde empiezo? Y mientras tanto seguís viviendo en una casa que no es la que soñás. Una casa que ya no te alcanza. Quizás porque cambió la composición de tu familia, quizás porque vos ya no te conformás con “el techo propio”. Ya lo tenés, ya lo conseguiste, y ahora además querés ponerle personalidad, querés que sea bello, funcional, que tenga onda, que te represente, que se ajuste a tu estilo de vida.

Por eso pensás en remodelarlo, y te ilusionás con esa casa especial, como esas que ves en las revistas, y sabés que la podés lograr, porque tu casa tiene potencial, y está bien ubicada… Y de pronto otra vez dudás: ¡¿Reformar?! Tal vez te da miedo. Bueno, te digo algo: ¡¡¡es absolutamente normal!!

Parece sencillo… pero cuando empezamos a profundizar vemos que no lo es tanto. Sin embargo, la buena noticia es que tampoco es taaaaan difícil. Y la otra noticia, que es mejor aún, es que es REALMENTE HERMOSO ver el PROCESO DE TRANSFORMACIÓN de una casa. Ver cómo se va convirtiendo en un lugar radiante, vital, vibrante, funcional, aireado, moderno, cálido, personal. Te lo digo yo que trabajo de esto hace casi 15 años, y todavía hoy me emociono al ver el cambio de cada casa en la que trabajamos.


Por eso es que me puse a pensar en algunas razones clave por las que, estoy completamente segura, de que bien vale la pena embarcarse en una reforma. No son razones técnicas, ni económicas, esas las vamos a dejar para otros posteos en donde analizaremos estas cuestiones más “duras”. Hoy quiero hablarte de la RAZÓN DE SER de una reforma, del CORAZÓN de ese cambio.


1- Hecho a tu medida

Para empezar a hablar, tenemos que decir que las chances de encontrar una vivienda que ya esté hecha “a tu medida” son bastante bajas. Te habrá pasado que, buscando casa para comprar, a todas les encontrabas algo que no te convencía: algo estético, algo funcional, algo que te hacía no sentirla propia, cualquier detalle que se transformaba en un “pero”. En cambio, una reforma, te permite hacer la casa ideal para vos, esa que es única e irrepetible, que tiene tu sello, que te representa. Y eso, (te lo garantizo) genera un vínculo muy estrecho entre tu casa y vos. Se convierte en tu nido, tu refugio, el lugar al que querés llegar, en el que te querés quedar y del que no te querés ir.


2 – Un estilo de vida

El lugar en el que vivimos condiciona directamente la forma en la que vivimos. Por lo tanto, no es difícil deducir que, si nuestra casa no se condice con nuestra forma de vida, difícilmente podamos sentirnos a gusto y disfrutar a pleno del estilo de vida que queremos. Y este es un PUNTO CLAVE: una de las principales razones por las que vale la pena reformar, es para que puedas empezar a vivir la vida como la querés vivir y no como podés. Te asombraría saber cuánto puede ayudar una buena reforma en ese sentido.


3 – Ya la conocés de memoria

Hay tres casos típicos en los que uno piensa en reformar (no son los únicos pero son un clásico): o porque vivís en una casa y ya no se ajusta a tus deseos y necesidades, o porque heredaste una antigua casa de la familia y necesitás adaptarla a tu vida y modernizarla, o porque compraste una casa que ya tiene sus años con la idea de reformarla. En los dos primeros casos, hay algo que se vuelve muy importante a la hora de reformar, y es que ¡¡ya la conocés de memoria!! Vos más que nadie sabe cómo es esa casa. Desde cómo entra el sol en cada estación de año, hasta por dónde pasan las cañerías. Y eso es VALIOSÍSIMO a la hora de remodelar, porque ya sabés lo que tiene y también lo que necesita. Y también sabés lo que necesitás vos, lo que la casa te da y lo que no te da, lo que te hace amarla y lo que te hace odiarla, sus fortalezas y debilidades. Y ese es un EXCELENTE PUNTO DE PARTIDA.

4 – Factor emocional

Contrariamente a lo que tendemos a pensar, las obras de arquitectura en general, y las viviendas en particular, son espacios vivos, dinámicos.
A lo largo de su existencia (que en muchos casos suele superar en longitud a la de los seres humanos) se van transformando, como nos transformamos todos.
Uno a lo largo de la vida crece, madura, cambia de opinión, de gustos, genera nuevos vínculos, cambia el cuerpo, los estados de ánimo, en fin…
La vida de las casas está íntimamente relacionada con la vida de sus habitantes. No sólo con sus rutinas y sus necesidades funcionales más concretas sino, fundamentalmente, con SUS EMOCIONES .
Y ese factor emocional, es un MOTIVO CLAVE por el que tiene sentido hacer una reforma: es una manera de hacer crecer el vínculo con esa casa, de hacerlo madurar junto con nosotros.


5 – Tener un proyecto por delante

Convengamos que la vida se trata de eso, de tener proyectos. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos una meta que alcanzar, o un desafío por delante? Todo el tiempo estamos proponiéndonos cosas, deseando cosas. Los deseos, que transformamos en proyectos, son el gran motor de nuestras vidas. Cuánto más nos acerquemos a vivir en comunión con nuestros deseos, más nos vamos a acercar a una vida plena y, por qué no decirlo, más feliz. ¿Y qué mejor desafío que transformar tu casa en la casa de tus sueños? Es un GRAN PROYECTO. Y (confía en mí), es absolutamente posible. Es sólo cuestión de animarse y de hacerlo de manera planificada, a consciencia, bien asesorados, para tomar decisiones en firme, minimizando riesgos y maximizando el disfrute.


Como les digo siempre a mis clientes en las primeras reuniones: reformar una casa es una GRAN AVENTURA. Hermosa, pero aventura al fin. Es un proceso lleno de emociones. Te vas a divertir, te vas a emocionar, vas a sufrir, te vas preocupar, te vas a enojar, vas a volver a sonreír, te va a dar ansiedad, te vas a sorprender, te vas a volver a reír, y al final vas a sentir que todo VALIÓ LA PENA.


La clave del asunto es no emprender una reforma de manera improvisada. Ya iremos viendo en futuros posteos algunos consejos y sugerencias para evitar errores, anticipar algunos problemas y reducir los riesgos.

¡Hasta la próxima!

Uno de los grandes proyectos que tenemos en la vida, suele ser alcanzar la meta del “techo propio”. Pero cuando lo conseguimos, y pasa el tiempo, llega un momento en que ya no nos conforma “sólo un techo”. Queremos más. Queremos una casa con personalidad, una casa que nos encante, una casa radiante. Porque las personas somos así, vamos subiendo la vara de nuestros deseos y desafíos. Entonces, una vez que llegamos a ese objetivo que en algún momento nos pareció inalcanzable, nos damos cuenta de que queremos dar otro salto, y pensamos en transformar ese “techo” en un lugar increíble, personal, diseñado, funcional, confortable, armonioso, acogedor. Queremos una casa especial. Y es ahí cuando aparece la idea de remodelar, para transformar una casa cualquiera en NUESTRA CASA, para ponerle nuestro sello, nuestra impronta.

Pero pronto también nos damos cuenta de que emprender una reforma puede ser un proyecto tan hermoso como aterrador. Enseguida nos enfrentamos a todas las variables que deberemos considerar, desde qué hacer, hasta con quién hacerlo, pasando por la logística, los costos, los gremios, los riesgos. En fin, una cantidad de cosas que desconocemos y que de entrada nos pueden abrumar.


Por eso, me parece importante saber cuáles pueden ser algunos de los errores típicos en los que podemos caer a la hora de encarar un reforma. No son los únicos pero, a lo largo de mi experiencia trabajando con distintos clientes, veo que estos tres errores son, además de muy frecuentes, los que pasan más inadvertidos. Sin embargo, pueden generarnos grandes dolores de cabeza y resultados indeseados.


1. No hacer un buen diagnóstico

Para los que ya leyeron algún artículo mío, sabrán lo insistente que soy con esto, pero la cantidad de veces que me encontré con clientes que saltean por completo la instancia del diagnóstico es incalculable. Es muy pero muy común, que vayan directamente a la solución y no se detengan a pensar antes cuál es el problema. Por ejemplo, me plantean en la primer entrevista: “quiero sacar esta puerta de acá y ponerla en este otro lado”. Ok, pero ¿por qué? ¿para qué? ¿cuál es el problema que querés solucionar?

Entonces empiezan a aparecer respuestas como “bueno en realidad porque es muy incómodo pasar por el medio de la cocina para ir al living, y la cocina no me resulta funcional”, por ejemplo. Y ahí tenemos el diagnóstico: tenemos un problema de circulación entre la cocina y el living que además hace que la cocina no sea funcional. Y ahí viene la siguiente pregunta: cambiar la puerta de lugar, ¿es la única solución? ¿es la mejor solución?.

Pensar las cosas desde el diagnóstico nos permite considerar las múltiples soluciones que SIEMPRE hay ante un mismo problema, y evaluar los pros y los contras de cada una. Tal vez, finalmente terminemos concluyendo que sí hay que cambiar la puerta de lugar pero tal vez (y se sorprenderían de saber la cantidad veces que esto pasa) aparezca otra solución, a veces más simple, a veces mas económica o, incluso, que hasta resuelva más de un problema a la misma vez.


Entonces, ¡OJO!, pregúntate siempre qué le pasa a tu casa, qué es lo que no funciona, o no te gusta, o no es confortable, antes de empezar a plantear soluciones. Teniendo eso claro, vas a reducir muchísimo la posibilidad de tomar decisiones equivocadas.


Un caso, a modo de ejemplo (lo escuché una vez en una charla TED): En una escuela, “necesitaban” agrandar los corredores a la salida de las aulas porque no eran suficientemente grandes para alojar la cantidad de alumnos que salían a la misma vez cuando sonaba el timbre del recreo o de fin de curso. Esto era algo urgente porque, además, hacía peligrosa la evacuación. Entonces llamaron a un arquitecto para que hiciera un proyecto para ampliar los corredores. El arquitecto, antes de ponerse a dibujar, pensó ¿cuál es el problema acá? El corredor es chico para la cantidad de alumnos que salen en simultáneo. Tres variables: chico, cantidad de alumnos, simultaneidad. Y entonces se le ocurrió preguntar “¿Pensaron en reducir la cantidad de alumnos en vez de agrandar el corredor?” “Eso no es posible”, dijeron enseguida las autoridades de la escuela tratándolo de insensato. El arquitecto contestó: “Claro que es posible y podría solucionarse en un día, colocando un segundo timbre y programando dos turnos de entrada y salida de los alumnos”. Cero obra, presupuesto despreciable, implementación inmediata. Soluciones como esta surgen sólo de un buen análisis de diagnóstico.

2. Subestimar

Este error es otro clásico que veo todo el tiempo, no sólo en las primeras entrevistas con mis clientes, sino en general, en ámbitos sociales en donde escucho hablar acerca de obras y reformas.

¿A qué me refiero? Me refiero a una cantidad de creencias que nos hacen (mal)pensar que todo va a ser fácil, rápido, bueno y barato, y que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Definitivamente, esto NO es así en casi ningún ámbito de la vida, y te aseguro que NO es así en una reforma.

Frases típicas que escucho en este sentido:

  • “Ah, esto es una pavada, viene fulano y lo resuelve en un ratito”
  • “Bueno pero, ¿cuánto me pueden cobrar por pintar este departamentito”?”
  • “Un mes para esta cocina, nos sobra”
  • “No, de eso nos ocupamos nosotros, no es tan difícil”
  • “Yo me arreglo con los tiempos, total trabajo acá nomás”
  • “Yo tengo un albañil que hace de todo”
  • “Yo sólo necesito un “dibujito”

Y así podría seguir, y seguir, y seguir…


Creer que las cosas son fáciles, rápidas y baratas, sólo te va a llevar a frustraciones, decisiones equivocadas, malas planificaciones, malas inversiones y, por consiguiente, a un mal resultado. Ser realista en el dimensionamiento de los tiempos, la complejidad de cada tarea, los presupuestos, la coordinación, la administración, la supervisión, la toma de decisiones, la importancia de un proyecto, es lo que va a garantizarte que puedas llegar al resultado deseado en tiempo y forma.


La contrapartida de subestimar, sería sobredimensionar todo, desconfiar de todo, dudar de todo. Eso tampoco es sano en una obra, y podría enumerarlo como un error más, pero lo voy a dejar como la otra cara de la misma moneda. Además, creo que son más graves las consecuencias de subestimar que de sobrestimar, porque pueden hacer que rápidamente te sobrepase el desborde y que tu proyecto se quede a mitad de camino. En el otro caso, si bien en exceso, al menos estamos del lado de la seguridad. Igualmente creo que siempre, lo más acertado, es analizar las variables lo más cercanamente posible a su verdadera magnitud.

3) No contratar especialistas

Tal vez esto tenga que ver con el error anterior, y tenga su origen en la subestimación que a veces se hace de determinadas tares, o de determinados roles dentro de una obra. Para analizarlo mejor, vamos a dividir a los especialistas en dos grandes grupos.

Uno son los gremios de obra. Creer que cualquiera puede hacer cualquier cosa o que una misma persona puede resolver bien la albañilería, la plomería, la electricidad, la pintura y de paso hacer las barandas de hierro es definitivamente uno de los errores más costosos en los que podemos caer en una reforma. El “se da maña” hay que erradicarlo por completo.  Nadie puede hacer bien todo. Y nadie tiene tiempo para hacer todo eso junto. En este mundo, que cada vez está más especializado, es un error enorme pensar que una misma persona puede saber lo suficiente de cada rubro como para hacerlo bien y a tiempo.

A nadie se le ocurriría ir al oculista si le duele la rodilla. Bueno, en una obra paso lo mismo. No recurras a un albañil para hacer la electricidad de tu casa. Recurrí a cada especialista para cada rubro de tareas. Además, lo que en un principio puede parecerte más barato, lo vas a terminar pagando a la larga, y tal vez de maneras más costosas, no sólo en plata sino también en tiempos, disgustos y complicaciones.

Y por otro lado, está el rol de los profesionales a cargo del proyecto, la dirección y la coordinación de los trabajos. Es decir, el arquitecto/a (también podría ser el ingeniero/a, o el/la maestro/a mayor de obras, pero acá lo voy sintetizar en la figura del arquitecto/a).

Es muy común tender a pensar que una reforma, una remodelación, o una ampliación, son “obras menores” (otra vez aparece la subestimación…), y que entonces no es necesario recurrir a un arquitecto que desarrolle un proyecto (“alcanza con un “dibujito””), ni que haga una dirección de obra (“No, de eso nos ocupamos nosotros, no es tan difícil”), ni que coordine a los distintos gremios y proveedores.

Nada más equivocado que ese razonamiento. Tener a un profesional experto como tu mejor aliado para proyectar, supervisar y coordinar las tareas de una obra, es la mejor herramienta con la que podés contar para que la experiencia de tu reforma no sea tan estresante y los resultados sean superadores incluso de tus expectativas.


No hay nada como un buen equipo de especialistas, dirigidos por un experto para llevar a cabo un trabajo en equipo. Y una obra es eso: un gran trabajo en equipo en donde cada tarea tiene que estar alineada hacia un objetivo en común. Cada especialista va a poner sus conocimientos y habilidades al servicio del proyecto general, comandado por un profesional que va a coordinarlos y supervisarlos. Eso optimiza todo: los tiempos, los costos y los resultados.


Retomo esta frase:

Emprender una reforma puede ser un proyecto tan hermoso como estresante. Por eso, mi recomendación es que definas muy bien cuáles son los defectos o problemas a solucionar, que dimensiones de manera realista los tiempos, los costos y los trabajos y que, definitivamente, contrates especialistas para cada  tarea.

Espero que este artículo te haya sido útil y, si tenés ganas, te invito a que me dejes tus comentarios, dudas o consultas a través del formulario más abajo.

¡Hasta la próxima!